Desde Venezuela
23/Marzo/2013
España, monarquía y gobierno: corrupción, engaño y derroche
Sergio Rodríguez
Gelfenstein
A través de la historia, España
ha sido un país que no se puede vanagloriar de una clase política que haya
estado a la altura de las necesidades de su desarrollo y crecimiento como
nación autónoma. Su presencia en el escenario global siempre ha ido de la mano
de su subordinación y dependencia de
otros actores internacionales.
Desde hace varias centurias,
puntualmente a partir de 1700 la familia Borbón (proveniente de Francia) ha
“conducido” los destinos del Estado español con sólo dos breves interrupciones
en 1808 y 1868 y un interregno mayor en el siglo XX período en el cual desde
1936 hasta 1975 estuvo en el poder
Francisco Franco quien instauró una dictadura fascista, caracterizada
por la represión contra el movimiento popular y su apoyo a la Alemania nazi. Al
finalizar la segunda guerra mundial con la derrota de Alemania y sus aliados,
España estuvo sometida al aislamiento internacional sin que su economía pudiera
despegar durante décadas. Su condición anti democrática significó que se
mantuviera al margen de las primeras iniciativas de integración europeas.
Un alto dirigente franquista,
Manuel Fraga quien fue titular de información y turismo, de gobernación y
vicepresidente durante la dictadura creó
en 1976 la Alianza Popular uniendo
diversas fuerzas de la ultra derecha conservadora y fascista. En 1989, Fraga y
otros líderes franquistas la transforman en el actual Partido Popular de España.
De esta manera, dictadura
franquista, monarquía y Partido Popular configuran diferentes expresiones del
mismo poder político que se estableció a partir de un origen común y un
desarrollo paralelo. La novedad de los últimos años ha sido que a esa tenebrosa
trilogía se le ha venido a adicionar un nuevo actor que surgió y se mantuvo al
margen durante décadas hasta que ya en democracia y bajo el liderazgo de Felipe
González, inició su travestismo político: el Partido Socialista Obrero Español
(PSOE).
González lideró al PSOE durante
22 años y fue presidente del Estado español durante 14, desde 1982 hasta 1996.
En ese período, aparentemente logró sacar a España del marasmo económico al que
estuvo sometida por siglos, a cambio de una nueva subordinación dependiente de
la Unión Europea (UE). Para ello,
incurrió en una gigantesca deuda pública,
en la solicitud de concesión a España
de la mitad de los recursos
financieros de la UE disponibles en los
Fondos de Desarrollo, así como de importantes recursos provenientes de los
Fondos de Cohesión y de la Política
Agrícola Común de la UE. Eso hizo que se creara en el país ibérico una falsa
sensación de prosperidad y la suposición de que concurrían al siglo XXI con una
fortaleza económica que le permitiría actuar en el escenario internacional en
igualdad de condiciones que las grandes potencias. En realidad, habían comenzado a flotar en una
burbuja que los condujo a un nuevo sometimiento a la UE y en particular a
Alemania. Los acontecimientos recientes reflejan que no han podido salir de la
inercia ahora sostenida por esta nueva tríada perversa: monarquía, PSOE y PP.
Hoy, la monarquía ha sido
ampliamente cuestionada por sus actuaciones públicas y por el involucramiento
de varios de sus representantes en hechos de corrupción o cuando menos de
dudoso comportamiento moral para quien ejerce funciones en la cúpula del
Estado. Aunque desde hace un tiempo las acciones poco éticas de la monarquía
son de común dominio de la opinión pública española, es desde el año pasado
cuando han adquirido notoriedad a nivel global.
En abril de 2012 se reportó que
mientras la tasa de desempleo se encontraba cercana al 25% y aproximada al 50%
para los jóvenes en edad laboral, el Rey se encontraba en un safari para cazar
elefantes en Botswana. El costo de dicha
diversión monárquica es superior al salario que percibe durante todo un
año la mayoría de los españoles y el doble del salario promedio anual.
En su momento, esta situación
llevó a Tomás Gómez, secretario general del Partido Socialista de Madrid (PSM)
a decir que "Ha llegado el momento de que la Casa Real se plantee, en este
caso el jefe del Estado, que tiene que elegir entre las obligaciones y las
servidumbres de las responsabilidades públicas o una abdicación que le permita
disfrutar de una vida diferente". Tal opinión ha sido refrendada por el
primer secretario del Partido Socialista de Cataluña Pere Navarro, quien
el pasado miércoles 20 pidió que el Rey Juan Carlos abdique y que su
hijo, el príncipe Felipe encabece una “segunda transición” política en España.
En el trasfondo, se respira el
ambiente maligno creado por el yerno del rey, Iñaki Urdangarin, duque de Palma,
quien utilizando su condición de miembro de la monarquía, se aprovechó para desviar millones de euros
de fondos públicos al Instituto Nóos que presidía. Por esta causa, la Fiscalía
está indagando su involucramiento en delitos de falsedad documental,
prevaricación, fraude y malversación de caudales públicos.
El manejo mediático de la
investigación ha puesto el énfasis en tratar de descubrir si hubo conocimiento
o vínculo de la monarquía con tales delitos. A pesar que el propio Urdangarin
ha negado tal relación, la prensa española ha divulgado correos electrónicos en los que se liga al
esposo de la hija del Rey en negocios con Corinna Sayn-Wittgenstein, quien
según la misma prensa es la amante de Juan Carlos y lo acompañaba en su tour de
cacería en Botswana. Como señala el periódico El Mundo de Madrid de 18 de
febrero pasado “En la mayoría de estos correos, tanto Urdangarin, como Corinna
hacen referencia a que Juan Carlos estaba al corriente de estas ´operaciones`
como, las califica el duque”. Incluso, en otros correos aportados por el ex
socio de Urdangarin a la justicia, -refiriéndose a los negocios de éste- se
indica la mediación directa del Rey en el mismo. En uno de esos correos, el
yerno real cuenta que su suegro prometió “toda su ayuda para encontrar ayuda
financiera” (SIC).
En otro ámbito, no es mejor la
situación de los otros dos eslabones de la tríada que se hunden y, hunden en la
putrefacción a la política española. Mientras una marea ciudadana protestaba en
varias ciudades contra la corrupción y las medidas restrictivas en materia
social, -en un país minado por la recesión y por un desempleo que alcanza los 6
millones de parados- el PP y el PSOE se trenzaron en un absurdo debate para tratar de demostrar
cuál de los dos es más culpable de la crisis.
En su comparecencia ante el
Congreso de los Diputados con motivo de su informe anual sobre el estado de la
nación el presidente Mariano Rajoy señaló que “ya pasó lo peor” y vaticinó una
inminente salida de la crisis. Con total hipocresía dijo que a pesar de todo
“el barco no se ha hundido”. Ante el estupor de los españoles obvió decir que
en su año de gobierno la paupérrima
situación económica heredada de los socialistas ha empeorado. La tasa de
desempleo ha alcanzado el 25,4%, en los últimos 14 meses se han eliminado 900
mil empleos a razón de 8 mil 500 por
día, debido en gran medida a una reforma laboral que favoreció a los empresarios. En ese mismo período más
de 400 mil familias españolas han perdido sus viviendas y 12 personas se han
suicidado por tal motivo.
En su defensa el gobernante de
derecha informó que a pesar de la pérdida de empleo y la magnitud de la crisis,
el déficit público cerró por debajo del
7%, inferior al 9% del año anterior. Evitó decir que no alcanzó la meta
propuesta de 6,3% con la que se comprometió con la Unión Europea. También
soslayó referirse a los escándalos de corrupción que afectan a su partido. Por
el contrario refutó a la principal
agrupación opositora afirmando que el PP no ha sido sometido a juicio, a
diferencia del PSOE.
Las tibias intervenciones del
líder del PSOE Alfredo Pérez Rubalcaba -quien acusó a Rajoy de demagogo y de no
tener credibilidad-, se encaminaron a
poner el acento en el tema de la corrupción. A partir de ello ambos políticos
evidenciaron el hedor nauseabundo que despide la clase política española al
involucrarse en una tan estéril como absurda discusión, no exenta de
recriminaciones personales que pusieron en el tapete la certeza de que ninguno
de los dos es garantía cierta para salir de la crisis, por lo menos en
condiciones de que la mayoría de los españoles puedan retomar estándares
aceptables de vida. Vale decir que ambos partidos en conjunto tienen menos del
50% de aprobación de la ciudadanía.
Algo pasa en España, ante la
crisis y la charlatanería de la clase política el movimiento popular se
moviliza de manera creciente. Sería deseable que tal espíritu de lucha se
manifieste en acciones concretas que conduzcan a la derrota de esta nueva
tríada de poder que en base a la corrupción, el engaño y el derroche ha sumido
a España en la peor crisis de su historia.
sergioro07@hotmail.com
Publicación
Barómetro 04-03-13
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