EL PAPA EN ECUADOR, BOLIVIA Y PARAGUAY - NS

Desde Uruguay
30 Agosto 2015


El Papa En Ecuador, Bolivia Y Paraguay
Por Niko Schvarz

La gira que acaba de efectuar el Papa Francisco por Ecuador, Bolivia y Paraguay reviste una importancia excepcional. Quedará en la historia: en su conjunto, y en cada uno de estos países. Se integró con una serie de pronunciamientos sucesivos en favor de sus pueblos y en particular de los más pobres y desfavorecidos, de los indígenas y afrodescendientes, de los marginados y excluidos. Se pronunció en defensa de las políticas progresistas de gobiernos de América Latina, de modo que un medio internacional estimó que “el Papa Francisco imprimió un marco cristiano al socialismo del siglo XXI”.

Abogó sostenidamente en defensa de la Madre Tierra y en apoyo de todos los movimientos ecologistas, vivamente presentes en los grandes actos que protagonizó. Todo ello en el cuadro de una movilización de millones de personas en cada uno de los países visitados, que le brindaron apoyo y afecto, al tiempo que celebraban la tesitura que está adoptando la iglesia católica en estos nuevos tiempos. Con el subrayado de que el Papa pidió perdón públicamente por las actitudes asumidas por la iglesia en el período de colonización del continente, en que se ubicó del lado de los colonizadores.

Ecuador, en “la mitad del mundo”, hacía casi treinta años que no recibía la visita de un Papa: la del polaco Juan Pablo II data de 1988. Francisco fue acogido por una multitud de pueblo y por el gobierno de Rafael Correa en un acto impresionante. De la capital, Quito, voló a Guayaquil, luego regresó a Quito y de allí se trasladó a Bolivia.  Llegó en un momento particularmente tenso de la vida política ecuatoriana, cuando el gobierno de Rafael Correa enfrenta el peligro de una restauración conservadora, pautada por movilizaciones violentas y atentados de una derecha golpista que procura reeditar el intento de golpe de Estado de setiembre de 2010.

La presencia y las palabras del Papa fueron un llamado a la pacificación, a dirimir el conflicto por la vía del diálogo, a tono con lo que ha promovido con reiteración el presidente Correa con el apoyo de todas las fuerzas democráticas y un amplísimo respaldo internacional, particularmente en el ámbito latinoamericano y caribeño. Las palabras del Papa, su mensaje de unidad, de diálogo y de inclusión a todos los niveles, calaron profundamente en el pueblo ecuatoriano, fueron un factor efectivo de distensión, a lo que debe agregarse su exaltación del papel de la familia en la homilía pronunciada en el Parque Samanes de Guayaquil. A la vez significaron un respaldo expreso a la obra transformadora en que está empeñado el gobierno ecuatoriano. A ello se refirió también el Papa Francisco en sus exposiciones públicas, aludiendo concretamente a la disminución sensible del número de pobres, en consonancia con el compromiso del Pontífice con los pobres del mundo. Asimismo estuvieron presentes los logros del gobierno y el pueblo de Ecuador tales como el descenso del desempleo, el aumento de los salarios, la extensión de la enseñanza pública en educación básica y superior,las inversiones en materia de salud pública, elementos todos ellos integrantes de la revolución ciudadana.

En Bolivia el Papa fue recibido por el presidente Evo Morales y por todo su gobierno, y en la misa oficiada en Santa Cruz de la Sierra, en la Plaza del Cristo Redentor, participaron unas 2 millones de personas, una cifra récord. Uno de los conceptos esenciales que vertió fue: “Les pido en nombre de Dios, ¡defiendan la Madre Tierra!”. Dijo que la iglesia debe colocarse al lado de los pueblos, y que son los pueblos los que están llamados a tomar la palabra, ya que el Papa y la iglesia no tienen el monopolio de la verdad, la tienen los pueblos, los olvidados.

Hizo referencia a la soberanía popular, condenó el “colonialismo ideológico”, habló de la fe revolucionaria, de la Patria Grande, dijo que lo que está en juego hoy en América Latina es el sueño de Bolívar y San Martín, al tiempo que enfatizó la necesidad de una plena integración al servicio de los pueblos, “para vivir bien”. Evocando el milagro de los panes y los peces, condenó los “descartes” y el consumismo. En esta homilía pronunciada por primera vez ante miles de indígenas de las etnias quechuas y aymaras que llegaron desde distintas regiones, el Papa se refirió en particular a la situación de las mujeres, que “cargan sobre sus hombros las injusticias que no parecen detenerse”.

Fue en este contexto que pidió perdón a los pueblos indígenas por lo que hizo la iglesia en los siglos pasados, en la época de la colonización, que definió como pecados. Sus otros lemas fueron: ningún niño sin infancia; ningún joven sin oportunidades; ningún campesino sin tierra; los hoy excluidos son el futuro del mundo; es posible cambiar este sistema injusto; la clave es compartir, lograr la participación colectiva, el aporte de cada uno a la obra común. Reiteró que se han cometido muchos pecados contra los pueblos indígenas, y proclamó un NO rotundo a los viejos y a los nuevos colonialismos.

Otros de sus conceptos fueron: una vez más, los pueblos tienen en sus manos la posibilidad de cambiar el mundo; mantengan la unidad en la lucha, la unión latinoamericana por la Patria Grande; por la independencia plena, unir a los pueblos en tareas de paz y justicia; nuestra fe es revolucionaria, es la que propone paz y justicia y nos llevará a la plena independencia. Culminó con el emblema de las 3T: Techo, Trabajo, Tierra.

La globalización de la esperanza

Todos estos temas adquirieron particular relevancia en el II Encuentro de Movimientos Populares con el Papa Francisco, efectuado entre el 7 y el 9 de julio en Santa Cruz de la Sierra, con más de 1.500 participantes de 40 países, convocados bajo el lema de las 3T por movimientos abocados a esos temas y el Pontificio Consejo para Justicia y Paz del Vaticano, acogidos por organizaciones y el gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia. Allí se recordó que los movimientos campesinos, negros, indígenas y populares tienen más de 500 años y constituyen hoy un actor principal para cuidar la Madre Tierra y evitar el calentamiento global del planeta. Elogiaron el hecho de que la máxima autoridad de la iglesia haya escuchado sus preocupaciones  y llame en la encíclica papal tituladaLaudato Si al mundo y a todas las religiones a hacerlo también  y a enfrentar la crisis social y ambiental global. Llegaron a este encuentro representantes de movimientos de Europa, Asia, África, de Palestina, Kurdistán. Allí efectuó una intervención de fondo Joâo Pedro Stábile, el conocido dirigente del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil. En el centro del debate estuvo la citada encíclica Laudatio Si del Papa Francisco y el llamado a resistir la exclusión social, la escandalosa desigualdad y la degradación del medio ambiente. Se ha publicado bajo el título: “El grito de la tierra y el grito de los pobres”.

En su intervención en este encuentro, el Papa Francisco expresó que necesitamos un cambio estructural del sistema y modelo dominante, por la enorme injusticia socio-económica global, por la devastación de la Madre Tierra, por la dominación que ejerce una inmoral minoría financiera. Llamó a los movimientos a seguir abonando el proceso de cambio necesario, a seguir sembrando y regando esa semilla y, parafraseando a la Vía Campesina, instó a cambiar la globalización que nos está destruyendo por “la globalización de la esperanza”.

Al término de este encuentro, el presidente boliviano Evo Morales elogió  “la honestidad intelectual y espiritual” del Papa Francisco al pedir perdón a los pueblos indígenas por el papel desempeñado por la iglesia católica en la conquista de América en 1492 y los años siguientes. En sus palabras: “Mi respeto y admiración al hermano Papa Francisco por haber pedido perdón  por el papel de la iglesia y haber sido cómplice de la dominación y opresión, especialmente al movimiento indígena”. Citó textualmente las palabras del Pontífice: “Pido humildemente perdón no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios”.

El Papa concluyó su visita a Bolivia continuando con una tradición iniciada cuando fue arzobispo de Buenos Aires, al ingresar a Palmasola, una hacinada ciudadela carcelaria que alberga 4.500 reos, situada en las afueras de Santa Cruz. Es un penal del tamaño de 34 canchas de fútbol, donde han ocurrido revueltas sangrientas. El Papa escuchó los testimonios de los presos, muchos de ellos sin haber sido condenados en firme por la justicia. Un comentario generalizado señala que “la visita del Papa es lo mejor que puede pasar para que los presos puedan recapacitar”.

En una entrevista con el periodista uruguayo Jorge Gestoso para Telesur, el presidente Evo Morales destacó la trascendencia de la visita del Papa Francisco y señaló las diferencias con la anterior visita del Papa Juan Pablo II en 1988.  Dijo que el mensaje del Papa ha levantado la imagen de la iglesia en el continente y lo asimila a San Francisco de Asís. En la entrevista se pasó revista a los logros del gobierno boliviano en cuanto a la redistribución de la riqueza y el avance a pasos agigantados en la erradicación de la pobreza extrema. Dijo que encontró una similitud de principios con el Papa (no robar, no mentir), en su posición al lado de los pobres y los excluidos y en la necesidad de unirnos para liberarnos en el plano continental. Puede hablarse de una plena comunidad de valores entre el Pontífice y el mandatario boliviano. El presidente también expresó su apoyo a la reanudación de relaciones entre Estados Unidos y Cuba e insistió en la necesidad de poner fin al bloqueo contra la isla antillana.

Padres y misiones jesuitas

Ya en Paraguay desde el viernes 10, también recibido por multitudes y por el gobierno presidido por Horacio Cartes, el Papa instó a bregar por una sociedad inclusiva, por una relación más justa y sin corrupción. Colocó un gran énfasis en la lucha contra la corrupción y el narcotráfico, reclamando “una firme voluntad” para desterrarlos. Se refirió a la situación de los jóvenes y los desocupados, y reiteró el concepto de que no haya niños sin educación, campesinos sin tierra, obreros sin trabajo y gente obligada a emigrar. Hay que crear las condiciones -afirmó- para que exista una igualdad de oportunidades, para que la gente pueda crecer. Necesitamos una economía al servicio del ser humano, para que cada uno pueda vivir dignamente y mejorar su situación. Efectuó una crítica fundada al sistema económico neoliberal, instó a Paraguay a construir una sociedad más justa, y a la iglesia a salir a la calle. Recordó la masacre de Curuguatí, la muerte de los 12 campesinos y algunos policías, en el año 2012, incidente que se utilizó para dar el golpe de estado que destituyó al presidente constitucional Fernando Lugo. El Papa se colocó una remera alusiva a este episodio.

Sobre la recepción que le fue brindada a lo largo de los 13 kilómetros que separan el aeropuerto de la Nunciatura, en el centro de Asunción, se ha hecho la siguiente descripción: “Paraguay, base principal de las misiones jesuitas en Sudamérica y donde un obispo se convirtió en presidente en 2008, recibió ayer al Papa Francisco, que llegaba desde Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, con una festiva ceremonia de tradiciones guaraníes, celebrada bajo lluvia”. Es ésta la última escala de su gira sudamericana. El Papa saludó a niños minusválidos que lo esperaban junto a 60 mil jóvenes que formaban un cordón humano entre el aeropuerto y el Palacio López. También visitó brevemente la cárcel de mujeres Buen Pastor.

Para el domingo estaba prevista una misa campal en la que se prevé la asistencia de unos tres millones de fieles (más que en ningún otro lado)entre ellos cientos de miles de brasileños y de argentinos como él. También oficiará una misa en la basílica de la Virgen de Caacupé, cerca de Asunción, de la cual es devoto desde sus tiempos de arzobispo en Buenos Aires, donde realizó trabajos en barrios pobres poblados de inmigrantes paraguayos.

Cuando el lector recorra estas líneas, ya se sabrá qué ocurrió con estos anuncios. Lo que sí podemos afirmar desde ya es que esta gira del Papa conmovió no solo a los tres países involucrados, sino a toda la América Latina. Otros países ya se han anotado para recibirlo, entre ellos Uruguay. Porque está delineando la imagen de una nueva iglesia católica del siglo XXI.

Publicación Barómetro

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