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LA TIERRA CONGELADA EN INVIERNO DISMINUYÓ DE UN 7% EN EL HEMISFERIO NORTE - SU

Desde República De Venezuela
Fecha: 22 / Febrero / 2015


1.700 ciudades de EE.UU sumergidas en el mar antes del fin de Siglo XXI
La tierra congelada en invierno disminuyó de un 7% en el hemisferio Norte
Por Sylvia Ubal

El cambio climático más pronunciado y rápido de la superficie de la Tierra en los últimos 50 años,  prácticamente duplicó el de los últimos 100 años. En los últimos 100 años, la temperatura media de la superficie de la Tierra aumentó en 0,74°C. Si las concentraciones del gas de efecto invernadero en la atmósfera se duplican respecto de los niveles preindustriales, se produciría un calentamiento medio de unos 3°C. Los últimos años del decenio de 1990 y los primeros años del siglo XXI fueron los años más calurosos desde que comenzaron a registrarse esos datos en nuestros tiempos.

Una de las consecuencias más impresionantes del calentamiento del planeta es el aumento del nivel del mar. Los niveles del mar aumentaron en unos 17 cm durante el siglo XX. Las observaciones geológicas indican que aumentó mucho menos en los 2000 años anteriores. En las regiones templadas, se ha reducido el tamaño de muchos glaciares de montaña y la capa de nieve ha disminuido en general, sobre todo en la primavera. La extensión máxima de la tierra congelada en invierno disminuyó de un 7% en el hemisferio Norte en el siglo XX. La fecha de congelación media de los ríos y lagos varia en los últimos 150 años.

Según la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. habrá 1.700 ciudades de EE.UUsumergidas. Incluidas Boston, Nueva York y Miami, quedarían parcialmente por debajo de la línea de la marea alta a finales de este siglo.

Kivalina, ubicado en el estado de Alaska y colindante al Mar de Behring, es un pueblo mayoritariamente de esquimales muy  pequeño,pero con todas las características del mundo moderno, era hasta hace un tiempo atrás un pueblo norteamericano desconocido: sin embargo sus 400 habitantes han pasado a un papel protagónico al conocerse que se trata del primer pueblo que desaparecerá bajos las aguas del Mar de Bering, en unos diez años, como consecuencia de los efectos del cambio climático.

El cuerpo de Ingenieros del Ejército estadounidense, construyó un muro defensivo a lo largo de las playas en el 2008: pero hace poco un temporal arrasó las defensas y el pueblo debió ser evacuado de emergencia. Los ingenieros están seguros que para 2025 la península será inhabitable. El problema es que este pueblo no es el único con ese destino: al menos otros tres asentamientos esquimales de menor tamaño están en el mismo peligro inminente en tanto ocho de más envergadura también corren riesgo en el futuro inmediato.

El cambio climático actual es producto de la acción de las trasnacionales 

El cambio climático no es una novedad en la historia del planeta, pero el calentamiento actual, provocado por la actividad de la especie humana —y esto sí que es insólito—, es al menos diez veces más rápido que los producidos, por causas naturales, en los últimos 65 millones de años, es decir, desde la extinción de los dinosaurios. Alertan al respecto los científicos que han aunado el conocimiento actual sobre el cambio climático en un informe especial de la revista Science. Y puntualizan que el aumento de las temperaturas de unos cinco grados centígrados que se registró al finalizar la última Edad de Hielo en la Tierra es aproximadamente el mismo que puede producirse a finales de este siglo, En ese momento, las olas de calor extremo en verano o las lluvias torrenciales serán la norma cada año y no la excepción.

Hace 55 millones de años, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera era comparable a la actual, según muestran los estudios de paleoclima. En aquel tiempo, el Ártico no tenía hielo en verano (fenómeno que, según los climatólogos, se dará de nuevo dentro de unos años) y en las tierras cercanas hacía suficiente calor como para que vivieran allí palmeras y caimanes.

Los científicos analizan en su informe los efectos de estas alteraciones sobre los ecosistemas y advierten que muchas especies tuvieron en el pasado que adaptarse o migrar, ante la presión del calentamiento, para evitar la extinción. Pero la situación puede no ser ahora la misma: “Hay dos diferencias clave para los ecosistemas, en las próximas décadas, en comparación con el pasado geológico”, señala Diffenbaugh en un comunicado de Stanford. “Una es la rapidez del moderno cambio climático y la otra es que actualmente hay múltiples presiones humanas que no están presentes hace 55 millones de años, como la urbanización y la contaminación de las aguas. Los científicos han calculado la velocidad de desplazamiento que necesitarían las especies para alcanzar zonas con temperatura adecuada: en gran parte del planeta tendrían que migrar al menos un kilómetro al año hacia los polos o hacia las zonas altas de las montañas.

El cambio climático genera la elevación de los mares en el planeta

Más de 1.700 ciudades de EE.UU., incluidas Boston, Nueva York y Miami, quedarían parcialmente por debajo de la línea de la marea alta a finales de este siglo, según un nuevo estudio sobre el cambio climático. Es ampliamente conocido que en los últimos años se ha producido un aumento en la temperatura del aire de superficie que no tiene registros históricos comparables y que además, se ha demostrado que ese incremento es debido al aumento de los gases de efecto invernadero y que unas 80 ciudades podrían quedar bajo las aguas incluso mucho antes, ya en la próxima década.

Según estudio, de Benjamín Strauss, de la organización Climate Central, subrayando que reducir drásticamente las emisiones detendría la subida del nivel del mar solo lo suficiente para salvar unas 1.000 ciudades. No es la primera vez que un estudio advierte que el calentamiento global puede inundar o incluso hacer desaparecer ciudades enteras. Así, el mes pasado, la Prospección Antártica Británica, advirtió que el deshielo en la Antártida causado por el cambio climático borraría de la faz de la Tierra toda Holanda, Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires.

Los científicos recuerdan que hay incertidumbres en las proyecciones climáticas ante el futuro, como el efecto de las nubes o el ciclo del carbono, pero afirman que la mayor incertidumbre reside en el nivel que alcanzarán de las emisiones de la actividad humana

sylviaubal@gmail.com
Publicación Barómetro
Los contenidos de los análisis publicados por Barómetro Internacional, son responsabilidad de los autores. internacional.barometro@gmail.com


NATURALEZA, CAPITALISMO Y DESARROLLO DEPREDADOR - AMR

Desde Costa Rica
20/Septiembre/2014


Naturaleza, capitalismo y desarrollo depredador
Por Andrés Mora Ramírez

En el desafío de pensar y proponer un desarrollo alternativo, o mejor aún, “alternativas al desarrollo”, necesariamente debemos apuntar a la construcción de una sociedad y una cultura nuevas, sobre la base de principios y acuerdos sociales que superen el carácter depredador intrínseco al capitalismo y las utopías modernas: esas que vieron en el dominio y sometimiento de la naturaleza a la voluntad del hombre occidental, el trofeo de caza de la superioridad humana en el planeta.

Según el informe Planeta Vivo 2012, la biodiversidad mundial se reducido un 30% desde 1970 a 2008.

Daniel Janzen, científico estadounidense afincado en nuestro país desde hace casi medio siglo, lanzó una severa advertencia sobre el rumbo equivocado de las políticas públicas y las estrategias de conservación del medio ambiente. En una entrevista publicada por el diario La Nación, el ecólogo afirmó que “en la última década, Costa Rica ha perdido mucho de su iniciativa y energía para la conservación, que era muy evidente entre 1970-2000”. Según Janzen, “la descomposición de la voluntad costarricense es una tragedia casi invisible a su sociedad, en gran parte ciega a lo que es la naturaleza, ciega a lo que tenía y tiene todavía el país (…). La naturaleza de Costa Rica está como decimos en Gringolandia, muriendo de miles de pequeñas heridas en vez de una sola bomba”. En su opinión, una de las causas que explican el deterioro de las áreas silvestres de conservación es que no reciben, para su mantenimiento y resguardo, “la proporción justa de las ganancias que generan al país en bienes y servicios” (La Nación, 15-05-2012).

Aunque no lo dice abiertamente, ni la periodista lo preguntó en su entrevista, de las palabras del científico se deduce una doble crítica: una, la que se dirige contra un modelo de (mal)desarrollo que impacta al medio ambiente, usufructúa de los recursos naturales y que, por su propia lógica de acumulación, distribuye de forma desigual la riqueza generada –por la vía del turismo, fundamentalmente-, concentrándola en los sectores y grupos más poderosos de la economía nacional. La otra crítica es la que apunta a la dimensión cultural de ese modelo de (mal)desarrollo, es decir, cómo los valores que lo sustentan y se reproducen desde el sistema educativo, los medios de comunicación y el mundo del trabajo, por citar tres espacios decisivos del campo cultural, transforman la mentalidad colectiva, las aspiraciones individuales y modifican la dinámica de las relaciones entre naturaleza y sociedad, al punto de provocar la descomposición de la voluntad de una nación.

Por supuesto, este no es un problema que afecte solo a Costa Rica, país que se precia de ser un paraíso verde sin ingredientes artificiales, sino que se trata de un fenómeno de alcance global. Los resultados del informe Planeta Vivo 2012, del Fondo Mundial para la Naturaleza, divulgados recientemente, demuestran el carácter depredador del desarrollo moderno-capitalista, en tanto forma específica de organización de los factores de producción, y como expresión y aspiración ideológica dominante en los procesos de cambio social, económico y cultural que experimentamos en las últimas décadas.

De acuerdo con este informe, “la biodiversidad mundial se ha reducido en un 30% en promedio desde 1970 a 2008 y el impacto mayor se ha sufrido en los trópicos, donde la pérdida de biodiversidad llegó a un 60%”. Además, al relacionar el impacto de la actividad económica nacional sobre el medio ambiente y los recursos utilizados en productos importados, los autores del estudio determinaron que “los países ricos tienen de media cinco veces más impacto que los menos desarrollados, pero el mayor declive en biodiversidad lo sufren los países más pobres, que subsidian el estilo de vida de los países ricos” (BBC Mundo, 15-05-2012).

Analizados desde América Latina, estos datos y realidades deberían llevarnos a considerar dos cosas: la primera, que la historia del “progreso” y el “desarrollo” en esta parte del mundo a partir del siglo XVI, con toda su carga de explotación humana y genocidio, y de permanente depredación y degradación ambiental, es también la historia de unos territorios y unos pueblos que, como explica el historiador ambiental panameño Guillermo Castro[1], fueron incorporados muy pronto a las necesidades del desarrollo del capitalismo noratlántico, lo que provocó severas modificaciones del paisaje natural, producto de las demandas económicas del sistema mundo, e introdujo nuevos sentidos culturales que orientaron las relaciones naturaleza-sociedad precisamente en función de aquellas demandas.

Siendo esto así, y dado que la impronta de esa historia sigue vigente en nuestros días, la segunda cuestión a considerar es que en el desafío de pensar y proponer un desarrollo alternativo, o mejor aún, alternativas al desarrollo, necesariamente debemos buscar puntos y caminos de ruptura con el lastre negativo, pernicioso, de ese pasado que nos marca, y al mismo tiempo, apuntar a la construcción de una sociedad y una cultura nuevas, sobre la base de principios y acuerdos sociales que superen el carácter depredador intrínseco al capitalismo y las utopías modernas: esas que vieron en el dominio y sometimiento de la naturaleza a la voluntad del hombre occidental, el trofeo de caza de la superioridad humana en el planeta.

De lo contrario, si profundizamos el actual rumbo del desarrollo, entendido como proceso de acumulación sin fin, exacerbado además por la pulsión del consumo (hoy sabemos que, en promedio, los seres humanos utilizamos más del 50% de los recursos que la Tierra puede generar y regenerar en forma natural y sostenible), nos aproximaremos cada vez más a la imagen con que Franz Hinkelammert ilustraba, hace algunos años, la dramática situación de la especie humana: la de los competidores que “están sentados cada uno sobre la rama de un árbol, cortándola. El más eficiente será aquel que logre cortar la rama sobre la cual se halla sentado con más rapidez”[2].

Enfrentamos un tiempo de decisiones que nos coloca en una disyuntiva trascendental: optar por un cambio civilizatorio para garantizar la continuidad de la vida humana en el planeta o cavar la tumba de nuestra autodestrucción.

Publicación Barómetro 04-09-14
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