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ACUERDO DE PAZ FIRMADO EN LA HABANA - CI

Desde Colombia
Fecha: 11/Julio/2016


Acuerdo De Paz Firmado En La Habana
“Organizaciones Sociales Exigen Coherencia Con La Paz Tras Anuncio Del Cese Al Fuego”
Colombia Informa

En un comunicado conjunto, las delegaciones de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC y el Gobierno de Juan Manuel Santos, anunciaron que llegaron, con éxito, al Acuerdo para el Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo. Además, ratificaron a la opinión pública que mañana al medio día se dará a conocer dicho acuerdo, con lo que el final del proceso estaría cada vez más cerca. Las organizaciones sociales celebraron el hecho pero instaron al Gobierno a ser coherente con la paz.

“Las delegaciones del Gobierno Nacional y de las FARC-EP informamos a la opinión pública que hemos llegado con éxito al Acuerdo para el Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo; la Dejación de las armas; las garantías de seguridad y la lucha contra las organizaciones criminales responsables de homicidios y masacres o que atentan contra defensores de Derechos Humanos, movimientos sociales o movimientos políticos, incluyendo las organizaciones criminales que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo y sus redes de apoyo, y la persecución de las conductas criminales que amenacen la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz”, anunció el texto publicado, con fecha del día de hoy.

LAS DIMENSIONES DEL EVENTO

El peso de este anuncio está representado en el auditorio que recibirá el hecho. En el anuncio se espera la presencia del mandatario colombiano Juan Manuel Santos, del comandante de las FARC, Timoleón Jiménez, y delegados oficiales de los países garantes que, en el caso de Cuba, será el propio Raúl Castro.

La particularidad de este anuncio es que será acompañada por la mandataria de Chile, Michelle Bachelet, y el Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

En el salón e protocolo El Laguito, lugar del anuncio, estarán el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, acompañado por el Presidente del Consejo de Seguridad y el Presidente de la Asamblea General.

Por otro lado, asistirán el Presidente de República Dominicana, como Presidente de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe -Celac- e invitados especiales como el presidente de El Salvador, y los enviados especiales para el proceso de paz de los Estados Unidos y de la Unión Europea.

JÚBILO Y CELEBRACIÓN

Para David Flórez, vocero de la Marcha Patriótica, el anuncio permitirá “por fin iniciar la construcción de lo que realmente creemos que es la paz: un país más democrático, más justo donde todas y todos podamos vivir mejor”.

Así lo declaró a Colombia Informa: “Exigimos coherencia con la paz”

El Congreso de los Pueblos celebró que las partes en diálogo llegaran al punto del anuncio de mañana. Resaltaron que “es de vital importancia que hayan llegado a un acuerdo sobre las medidas que el gobierno deberá tomar para el desmonte de las estructuras criminales de extrema derecha que conspiran contra la paz y la democracia; sabemos que sólo la más grande movilización y vigilancia social las harán efectivas y las profundizarán para avanzar en el desmonte del terrorismo de Estado, una tarea ineludible en la construcción de la democracia colombiana.

En un comunicado, el Congreso aseguró que debe continuar la apertura del diálogo directo entre el gobierno nacional y el ELN, ya pactado: “La demanda de las organizaciones sociales al gobierno y al ELN para que se sienten e inicien el diálogo, priorizando los temas humanitarios y un cese bilateral de fuegos, son totalmente pertinentes y coinciden con el momento de los diálogos con las FARC”.

Finalmente, este movimiento social y político anunció que el hecho acentúa la necesidad de coherencia del Gobierno, para que cumpla lo pactado con la Cumbre Agraria tras el reciente Paro Nacional. Además, señalaron que es fundamental que se “reconozca y respete efectivamente la protesta social, elimine el tratamiento de guerra contra las organizaciones sociales y genere las condiciones básicas de transformación exigidas en el pliego de la Cumbre Agraria para la superación del conflicto social”. Exigieron también que Juan Manuel Santos objete la firma del Código de Policía, por ser “un verdadero esperpento contra las libertades ciudadanas”.

http://www.colombiainforma.info/
agencia@colombiainforma.info
Publicación Barómetro
internacional.barometro@gmail.com


SU FRACASO EN EL PROPÓSITO POR ACABAR CON LA INSURGENCIA - JEMR

Desde Colombia
Fecha: 20/Abril/2016


El Plan Colombia
Su Fracaso En El Propósito Por Acabar Con La Insurgencia
Por José Eulícer Mosquera Rentería*

El muy publicitado Plan Colombia, junto con la imposición del modelo neoliberal de las privatizaciones aperturas económicas y los TLC, han sido considerados por respetados analistas internacionales, como la periodista e investigadora social, argentina, Stella Calloni, como “el mayor proyecto geoestratégico que se haya trazado para recolonizar América Latina”.

Hace dos semanas cumplió 15 años dicho plan y aunque inicialmente se quiso presentar como un plan estratégico dentro del combate del narcotráfico y la contribución a la construcción de la paz en Colombia, muy pronto quedó en evidencia su propósito prioritario de aniquilar a la insurgencia y a las fuerzas progresistas y revolucionarias consideradas por la ultraderecha nacional y el imperialismo yanqui como aliadas de la misma, y del “comunismo internacional” ó “castro-chavismo”, según el cínico ex presidente Uribe.

Lo cual ha tenido su máxima manifestación en el crecimiento exagerado del aparato militar del Estado colombiano, bajo la asesoría y orientación del Departamento de Estado y el Comando Sur de USA, que de tener 53.000 efectivos cuando se iniciaron las Conversaciones del Caguán, en enero de 1999, ha pasado a más de 200.000, de los cuales el 30% son soldados profesionales.

Buenaventura: Narcoparamilitarismo, Militarismo, Violencia y Pobreza Vs Opulencia  para Unos Pocos Foráneos. 

Con su propuesta del Plan Colombia los asesores gringos le calentaron la cabeza a Uribe Vélez, a tal punto, que al posesionarse en su primera presidencia anunció que en menos de seis meses habría derrotado a la insurgencia, convencido de que por la vía militar su establecimiento resolvería el conflicto de más de medio siglo. 

Durante los gobiernos de Álvaro Uribe y de Juan Manuel Santos, los recursos del Plan Colombia se concentraron en su denominada política de “Seguridad Democrática” contra la insurgencia y las fuerzas de oposición de izquierda; y el acondicionamiento militar del territorio, en alianza con el narco paramilitarismo, para “la confianza inversionista” de los megaproyectos minero energéticos y el saqueo extractivista de las transnacionales y multinacionales, que traen consigo la depredación del medio ambiente y de ecosistemas maravillosos, fundamentales para el país y el planeta.

Después de gastar mucho más de 10.000 millones de dólares en la ejecución de este plan, Colombia, además de haber sido su mayor financiadora, sigue siendo el mayor productor de cocaína en el mundo; el conflicto social, político y armado se continúa agudizando, por lo cual el Gobierno Colombiano se ha visto forzado a adelantar acercamientos, diálogos y negociaciones de paz con la insurgencia, dejando atrás las calenturas guerreristas de Uribe Vélez, que solo han traído sufrimientos y agudización de la pobreza a las comunidades rurales, afrocolombianas e indo colombianas.

Sin embargo, siguen creciendo los grupos narco paramilitares y de delincuencia común organizada, y su accionar criminal sobre las comunidades. Por tanto, uno no entiende cual es el éxito del Plan Colombia que están celebrando los gobiernos de Colombia y Estados Unidos y sus áulicos de los grandes medios de desinformación. La violación a los derechos humanos en Colombia durante los gobiernos que han puesto en práctica el Plan Colombia, ha sido alarmante y signada por las masacres, violaciones a mujeres, crímenes de lesa humanidad y el desplazamiento forzado.

Según la Unidad Nacional de Víctimas, solo en el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002) hubo más de 1.550.000 desplazados forzados; durante los dos gobiernos de Álvaro Uribe (2002-2010), fueron desplazadas casi 3.000.000 de personas; y durante el mandato de Juan Manuel Santos, se han desplazado cerca de 1.000.000 de personas. Al punto que en 2014, el Informe de la Agencia de la Organización de Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR, ubicó a Colombia en el segundo lugar con mayor número de personas en condición de desplazamiento forzado, al registrar la escandalosa cifra de seis millones de personas. Aunque otros organismos especializados en el estudio del tema consideran que las cifras pueden ser mayores.

A través del Plan Colombia se realizaron fumigaciones con glifosato en miles de hectáreas de campos y selvas colombianas, con el propósito de destruir plantaciones de coca y amapola, con lo cual también se afectó los cultivos de los campesinos, comunidades afrocolombianas e indo colombianas que vieron destruidos sus sembradíos de yuca, maíz, ñame, sorgo, arroz, coco, chontaduro, entre otros. Lo cual contribuyó a envilecer más las condiciones de vida de miles de familias campesinas, afrocolombianas e Indo colombianas, impulsando a algunos hacer nuevos cultivos de coca en aras de la supervivencia familiar y a otros al desplazamiento forzado. El Gobierno Colombiano autorizó estas fumigaciones con glifosato a pesar de que había sido prohibido por la Organización Mundial de la Salud, de la ONU, porque había  causado graves daños a la salud de muchas gentes en diferentes partes del mundo. Este herbicida es producido y distribuido por la multinacional Monsanto, que es la más grande productora/exportadora de los transgénicos, que tanto daño vienen causando a la salud de muchas personas en el mundo.

El año pasado, El informe de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas creada por el Gobierno colombiano y las FARC, informó que entre 2003 y 2007, soldados y contratistas norteamericanos abusaron sexualmente de más de 50 adolescentes colombianas. Violaciones que fueron grabadas y luego vendidas como material pornográfico, y los autores de estos actos violentos, indignantes y violatorios de la integridad humana, por cláusulas de los convenios del plan, fueron cobijados por la impunidad.

Mediante el Plan Colombia también se incentivó en las Fuerzas Armadas la necesidad de ofrecer resultados a sus superiores, ávidos de mostrar ante el Gobierno Nacional y el Gobierno de Estados Unidos logros contundentes en la lucha contrainsurgente, y de paso cobrar las jugosas bonificaciones o recompensas preestablecidas por instrucciones de los presidentes Bush y su Departamento de Estado. Por lo cual militares colombianos asesinaron a miles de jóvenes que luego fueron presentados como integrantes  de la guerrilla dados de baja en combate, práctica conocida como “los falsos positivos”, que en su mayoría de casos se mantienen en la impunidad. Pues según el portal Verdad Abierta, existen más de 5.700 denuncias de las cuales la Fiscalía solo investiga unas  3.500. Entidades dedicadas al estudio de la violencia en Colombia consideran que estos casos de falsos positivos también podrían ser mayores del número oficialmente reconocido, si se suman víctimas de la población civil y guerrilleros asesinados en estado de indefensión.

Por otra parte, la Organización No Gubernamental estadounidense Fellowship of Reconciliation Peace Presence y la Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos –CCEEU–, consideran que existe una conexión directa entre el entrenamiento militar de Estados Unidos y los casos de falsos positivos. 

A partir del Plan Colombia el intervencionismo militar de Estados Unidos se intensificó en Colombia. Llegaron más de 2.000 asesores militares estadounidenses; en 2009 el Gobierno de Álvaro Uribe autorizó la instalación de siete bases militares del Ejército de los Estados Unidos en nuestro territorio nacional, desde las cuales ha quedado claro que además, las Fuerzas Militares Estadounidenses ejercen su control geopolítico sobre Latinoamérica, amenazando todo intento de proceso de cambio progresista y revolucionario en la región, especialmente los que se adelantan en Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela.

Como lo denunciaron varios parlamentarios del Polo Democrático en su momento, el Gobierno Colombiano destinó a la financiación del Plan Colombia recursos que deberían destinarse presupuestalmente para el gasto público y la inversión social, en materias de educación, salud, saneamiento básico, atención al agro y la seguridad alimentaria del país. Además, el Departamento Nacional de Planeación ha reconocido que muchos de los recursos provenientes de USA para el Plan Colombia, no han sido donaciones sino préstamos, lo que quiere decir que ese plan ha contribuido a incrementar la deuda externa y la dependencia de nuestro país. Y según datos de ese departamento, realmente lo gastado en el Plan Colombia durante sus 15 años de ejecución, equivale a invertir cerca de 20 veces el Producto Interno Bruto colombiano del año 2015. La mayor parte de estos recursos se pagaron en contrataciones con empresas del ámbito militar de Estados Unidos, Israel y algunas potencias europeas.

Con sus acostumbrados comportamientos imperiales y arrogantes, el Gobierno de Estados Unidos ha presentado un nuevo plan, que en el fondo constituye la continuidad de su contrainsurgente Plan Colombia, denominado ahora por el presidente Barack Obama, “PaxColombia”, el cual fue acogido sin chitar una palabra por el presidente Juan Manuel Santos y el ex presidente Pastrana Arango, durante su pasada visita del 10 de febrero de 2016 a la Casa Blanca, con la acostumbrada genuflexión de la dirigencia de las oligarquías liberal-conservadoras colombianas ante la dirigencia del imperio neocolonial.

Lo preocupante es que “PaxColombia” entre sus rubros  de “inversión” de los 450 millones de dólares que le está asignando el Gobierno USA, pendientes de aprobación por el Congreso de ese país, no se contempla ni un dólar para combatir y acabar el narco paramilitarismo en Colombia, ni para la parte social. Lo que viene a confirmar que Estados Unidos no está interesado en acabar con el flagelo paramilitar, sino al contrario, como viene ocurriendo en países africanos y del oriente medio y cercano, está interesado que se mantenga como fuerza generadora de caos, amovilidad, saqueo, atraso y dependencia, y de mercado para su Complejo Militar  Industrial. De tal manera que si nos basamos en esta segunda versión del Plan Colombia, la paz en Colombia queda en veremos, porque con militarismo y sin justicia social no se podrá arribar a ella.

Para las comunidades afrocolombianas e Indo colombianas en particular, el Plan Colombia les significó las mayores escaladas de violencia, de crímenes terribles, desapariciones, violaciones de mujeres y desplazamientos forzados, generados por las fuerzas armadas oficiales, el narco paramilitarismo y otros grupos armados ilegales. Además de la destrucción de muchos de sus ecosistemas territoriales y cultivos básicos para su supervivencia, por las fumigaciones militares contra los cultivos de coca, el desarrollo de proyectos mineros grandes y medianos, legales e ilegales, por parte de transnacionales y otros agentes foráneos, al punto de  desaparecer especies vegetales, de peces y animales de caza en muchos lugares, con lo cual se incrementó y profundizó su pobreza, y su marginalidad social histórica.

Precisamente, un año después de entrar en vigor el Plan Colombia, se produjo la masacre de Bojayá, Chocó, el 2 de mayo de 2002, donde quedó demostrada la alianza del narco paramilitarismo con el Ejército Nacional, enfrentados a la FARC-EP, quien lanzó un cilindro-bomba a los paramilitares, el cual se desvió y fue a caer dentro de la iglesia donde se encontraban refugiadas muchas gentes del pueblo; y finalmente aparecieron efectivos del Ejército Nacional por lanchas y helicópteros artillados atacando a las FARC-EP, protegiendo a los narco paramilitares y lanzando insultos y manifestaciones de menosprecio a las gentes del pueblo, incluidos los heridos en estado grave, a quienes el personal médico del Ejército Nacional no le prestó atención alguna, faltando gravemente a la ética profesional y al Juramento Hipocrático.

Por todo lo anterior, una vez más, uno no entiende cual es el éxito del Plan Colombia que se encuentran celebrando los gobiernos de Colombia y Estados Unidos, algunos desfachatados dirigentes de las oligarquías colombianas, sus medios y periodistas incondicionales. Al pueblo colombiano solo le queda la esperanza que siga avanzando exitosamente hasta llegar a feliz término el proceso de paz que se ha iniciado en la Habana, y que debe iniciarse con otros grupos insurgentes, en aras de aliviarse de tantos martirios y que se creen condiciones para la construcción de una vida digna, tranquila, de convivencia pacífica y con justicia social.

Pero para que este proceso llegue a feliz término, debe ser más participativo e incluyente, especialmente de los sectores o grupos sociales como los afrocolombianos e indo colombianos que han sido los más golpeados por el conflicto en los últimos 25 años. No es posible que se sigan tomando unas decisiones que van afectar sus vidas, territorios y culturas sin contar con sus opiniones o puntos de vista y sus propuestas. Pues eso es violatorio de convenios internacionales acogidos por Colombia y de la Constitución Política Nacional, que estableció una democracia participativa y que el Estado debe reconocer y proteger la diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana.

*Instituto AZABACHE
jlicher001@yahoo.es
Publicación Barómetro
internacional.barometro@gmail.com

A QUINCE AÑOS DEL PLAN COLOMBIA - MRA

Desde Colombia
Fecha: 05/Marzo/2016


A Quince Años Del Plan Colombia
Martín Rangel Ardila

El próximo 4 de febrero, en Washington se reúnen el presidente de los Estados Unidos Barack Obama, el presidente Juan Manuel Santos y los expresidentes Alvaro Uribe y Andrés Pastrana, con el propósito de conmemorar los 15 años de la implementación del Plan Colombia y sentar los fundamentos de lo que sería una “nueva formulación” de este plan, acorde con el denominado posconflicto.

El Plan Colombia fue una idea surgida a finales del milenio pasado, para dar respuesta a la implementación de acuerdos y a las reformas que requería el país, una vez se concluyera el proceso de diálogo con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia; desarrollado en la llamada Zona de Distensión de San Vicente del Caguán, instalada el 7 de enero de 1999.

No obstante, el Plan tuvo un cambio sustancial, justificado, tiempo después, por el fracaso de la experiencia del Caguán. Sería el General de los Estados Unidos, Barry McCaffrey, Zar antidrogas, quien le daría su nuevo sentido: el involucramiento de la guerrilla colombiana con el negocio de las drogas ilícitas, determina que para superar la violencia, que afecta a la nación suramericana y a la región, es necesario combatir a la “narcoguerrilla” para lograr la paz.

El Plan se concretó el 20 de octubre de 1999 en el Congreso Norteamericano con el nombre de “Alianza Act”, bajo la iniciativa de los senadores Repúblicanos Coverdell, Dewine y Glaseley. En ese momento, se contempló una ayuda suplementaria para Colombia de 1.600 millones de dólares en tres años, de los que más del 70 por ciento estaría destinado a la lucha antinarcóticos. Aunque en ingles, el Plan incluyó un capítulo que presentaba la llamada “declaración de la misión”; el cual, indicaba:

“Misión Nacional: asegurar el orden, la estabilidad y el cumplimiento de la ley; garantizar la soberanía nacional sobre el territorio; proteger al Estado y a la población civil de amenazas provenientes de los grupos alzados en armas y de las organizaciones criminales. Romper los lazos entre estos grupos y la industria de la droga que los apoya”.

Desde el 20 de agosto de 2006, el diario estadounidense The New York Times, indicó que el Plan Colombia era un fracaso, pues a seis años de su implementación, con más de 4.7 billones de dólares invertidos, el problema seguía siendo el mismo. Los cultivadores se adaptaban reduciendo la extensión de las hectáreas cultivadas y se movían a zonas remotas para evitar la detección; asimismo, los dueños del negocio, evitando llamar la atención, generaban redes que impedían su ubicación. Lo anterior sin contar con el daño ambiental y a la salud del Glifosato, químico utilizado en la erradicación, cuyos nefastos efectos han sido demostrados.

El Plan Colombia, como arma de guerra, ha sido y es lo contrario a un país en paz. La presencia norteamericana ha cumplido su misión en la formación y conducción del Ejército colombiano. Las Bases militares con presencia norteamericana establecidas en territorio nacional, reconocidas en los acuerdos de cooperación, y las visitas de altos mandos provenientes de las guerras de Irak y Afganistán, son tan sólo pruebas públicas de ello. Maquinaria bélica que amenaza al continente, al ritmo que avanza el plan global de guerra imperialista.

Al ser una moneda de dos caras, el Plan Colombia hay que verlo como un fracaso, que hace parte de la ruina de la llamada “guerra anti drogas” lanzada por el presidente Nixon en 1974; hicieron falta 4 décadas para que los EEUU reconocieran, que fracasaron en la vía represiva contra las drogas. Y al medirlo por la otra cara, como arma contrainsurgente, el Plan Colombia es visto por la oligarquía, como algo bueno para sus intereses, dado el repliegue que produjo en las guerrillas colombianas.

Los planificadores estratégicos del imperialismo norteamericano han ajustado este Plan, acorde al momento que se abre, luego de los acuerdos que están en vía de sellarse con la guerrilla. Ajustes que contemplan un papel activo de las Fuerzas Armadas en la ofensiva reaccionaria, que ejecutan contra los gobiernos que han tomado distancia de los dictados de los EEUU.

La lucha de la sociedad colombiana por la paz debe seguir, siendo conscientes, que la hacemos en contra corriente del plan de guerra imperialista; el que no se detendrá hasta monopolizar de nuevo, la más grande reserva de petróleo del mundo, que está al oriente nuestro, en la República Bolivariana de Venezuela. Entonces, el escenario de pacificación de las luchas en Colombia, que buscan Obama y la oligarquía, es compatible con el escenario de guerra que atizan, contra el hermano pueblo de Venezuela.

Esta es la dura realidad que implica la versión 2.0 del Plan Colombia y contra ella, continuaran las luchas de los pueblos suramericanos, porque según dice el refrán: “la única lucha que se pierde, es la que se abandona”.


HISTÓRICO ACUERDO ENTRE FARC-EP Y GOBIERNO COLOMBIANO - BJC



Desde Puerto Rico
11/Diciembre/2015


Histórico Acuerdo Entre FARC-EP Y Gobierno Colombiano
Por Berta Joubert-Ceci

Después de más de dos años de diálogo para la terminación del conflicto armado entre las FARC-EP y el gobierno colombiano, finalmente se ha dado un paso importante que podría conducir a una paz duradera con justicia social.

El pasado miércoles 23 de septiembre, se reunieron por primera vez en la Habana-Cuba, el máximo líder de esa insurgencia, comandante Timoleón "Timochenko" Jiménez y el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos para anunciar un acuerdo hacia la creación de una Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).

La gran importancia de esta Jurisdicción es que proveerá el marco legal para juzgar a quienes participaron en el conflicto armado ya sea directa o indirectamente, de forma que no queden impunes los crímenes cometidos. Sobre todo, los crímenes cometidos por fuerzas del estado y paramilitares. La impunidad en Colombia es lo que ha mantenido hasta ahora las violaciones y asesinatos contra la población, el pueblo indígena y afrodescendiente, las/os activistas de derechos humanos, sindicalistas, estudiantes y todas/os aquellos que luchan por la justicia social en ese país.

Un ejemplo de impunidad ha sido la Ley de Justicia y Paz establecida bajo el gobierno de Álvaro Uribe Vélez para la desmovilización de los grupos paramilitares. Según una reciente entrevista por Anncol a Enrique Santiago Romero, asesor jurídico de las FARC en los presentes Diálogos de Paz, luego de 10 años de procesos jurídicos, sólo han resultado 10 sentencias que afectan a 150 paramilitares, de un total de 33.000-34.000 paramilitares “desmovilizados”. Además, la llamada ‘desmovilización’ realmente ha sido un cambio de nombre, pues en vez de las AUC, Autodefensas Unidas de Colombia, resurgieron paramilitares bajo el nombre de Águilas Negras y otros. Las amenazas y asesinatos por fuerzas paramilitares no han cesado.

De hecho, según Santiago Romero, no puede haber acuerdo final para la paz si no se erradica el paramilitarismo.

Esta JEP se puede considerar como una victoria de la insurgencia. En el 2012, el gobierno de Santos había impuesto unilateralmente una Ley de Justicia Transicional donde se buscaba mayormente la penalización de las fuerzas insurgentes. Las FARC nunca aceptaron esta ley puesto que se había concebido durante el proceso de Diálogos de Paz por el gobierno santista sin ninguna intervención de la insurgencia. Además, se trataba de ignorar los crímenes cometidos por el Estado y los paramilitares.

Aquí hay que precisar que un informe de la Corte Penal Internacional sobre Colombia en noviembre del 2012, halló que los mayores victimarios en el conflicto armado han sido los agentes del Estado y los paramilitares. (http://www.icc-cpi.int)

El comandante "Timochenko", en una rueda de prensa luego de la firma del 23 de septiembre, se dirigió a sus compatriotas y a las/os amigos de la paz de Colombia diciendo “Les traemos hoy, además de nuestro abrazo fraterno, un parte de victoria colectiva: hemos logrado, con la invaluable ayuda de la subcomisión jurídica, retirar muchos de los obstáculos que hacían más difícil el camino de nuestra reconciliación. Tenemos una Jurisdicción Especial para la Paz que, además de garantizar el respeto a los derechos de las víctimas, será factor dinamizador de la firma de nuevos acuerdos en este tramo fundamental para alcanzar la terminación del conflicto”.

Comunicado Conjunto

En una rueda de prensa y con la presencia del anfitrión de los Diálogos, el presidente Raúl Castro, y los representantes de los países acompañantes, se leyó el Comunicado Conjunto de las FARC-EP y el gobierno colombiano sobre el acuerdo. En él, ambas partes reafirmaron su compromiso con los pre acuerdos logrados hasta ahora: “Hacia un Nuevo Campo Colombiano: Reforma Rural Integral", "Participación política: Apertura democrática para construir la paz" y "Solución al Problema de las Drogas Ilícitas".

Explica los puntos principales de la JEP que resumiendo, buscan “una fórmula de justicia que satisfaga los derechos de las víctimas y contribuya a la construcción de una paz estable y duradera”. Para ello, se construirá un “Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición” que se pondrá en movimiento a través de la creación de una Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición.

Se crearán Salas de Justicia y un Tribunal para la Paz compuesto principalmente por magistrados colombianos, con la finalidad de “acabar con la impunidad, obtener Verdad, contribuir a la reparación de las víctimas y juzgar e imponer sanciones a los responsables de los graves delitos cometidos durante el conflicto armado, particularmente los más graves y representativos, garantizando la no repetición”. (Telesurtv.net)

De acuerdo al Derecho Internacional Humanitario en materias de conflictos armados, “el Estado colombiano otorgará la amnistía más amplia posible por delitos políticos y conexos”. Esto implicaría que los “delitos” de la insurgencia, los cuales son catalogados como políticos, de rebelión, conllevarían una amplia amnistía. Por otro lado, el comunicado agrega que “En todo caso no serán objeto de amnistía o indulto las conductas tipificadas en la legislación nacional que se correspondan con los delitos de lesa humanidad, el genocidio y los graves crímenes de guerra, entre otros delitos graves…..”.

La JEP tendrá dos tipos de procedimientos, “uno para quienes reconocen verdad y responsabilidad, y otro para quienes no lo hacen o lo hacen tardíamente”. “A los primeros se les impondrá una sentencia” y “los segundos enfrentarán un juicio contradictorio ante el Tribunal”. “Las sanciones que imponga el Tribunal tendrán como finalidad esencial satisfacer los derechos de las víctimas y consolidar la paz y deberán tener la mayor función restaurativa y reparadora del daño causado”.

Quienes voluntariamente reconozcan sus delitos, tendrán sanciones más livianas conducentes a la reparación de las víctimas; delitos muy graves tendrán penas de 5 años hasta un máximo de 8 en condiciones especiales. “Las personas que se nieguen a reconocer su responsabilidad por tales delitos y resulten culpables serán condenadas a pena de prisión hasta de 20 años, en condiciones ordinarias” (cárcel).

El comunicado termina diciendo que “en el caso de las FARC-EP, la participación en el sistema integral estará sujeta a la dejación de armas, que deberá comenzar a más tardar a los 60 días luego de la firma del Acuerdo Final, (el cual se espera que finalice en seis meses).
Y que la transformación de las FARC-EP en un movimiento político legal es un objetivo compartido, que contará con todo el apoyo del Gobierno en los términos que se acuerden.
Garantías de éxito

Si bien este es un acuerdo histórico, y según Santiago Romero, quien está muy versado en jurisprudencia internacional, no ha habido un marco jurídico tan integral en ningún otro proceso de paz, todo dependerá de la puesta en práctica del mismo.

Para ello se necesita primeramente, un financiamiento adecuado. También, la voluntad del gobierno actual y de futuras administraciones. Asimismo, es esencial la revelación de los actos criminales cometidos por el estado. Sobre este punto Santiago Romero recordó el caso de la dictadura militar en Chile, donde los altos mandos militares bajo Pinochet hicieron un pacto de silencio para no dar a conocer sus crímenes. Ese pacto duró hasta hace muy poco, lo que representa un silencio por más de 40 años.

En este contexto tenemos que tener presente el papel criminal, pasado y actual, del ex presidente Uribe y sus aliados paramilitares, los cuales será difícil que declaren fácilmente.

Toca también a la comunidad solidaria internacional de exponer los crímenes del estado colombiano y la participación de Estados Unidos como promotor de la militarización y la violencia en Colombia para beneficiar a sus grandes corporaciones.

COLOMBIA: POR FIN PARECIERA ESTAR TRIUNFANDO LA PAZ - SRG

Desde Venezuela
30 Agosto 2015


Colombia. Por Fin, Pareciera Estar Triunfando La Paz
Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

Desde hace muchos años, he insistido en que la paz es un imperativo para Colombia y para toda América Latina. A través de escritos, conferencias y charlas he expuesto algunas ideas al respecto. Mi experiencia en el conocimiento y estudio  de los procesos de paz en Centroamérica en la década de los 80 aportan a mi convicción de que este es el mejor camino para avanzar en la cimentación de una correlación de fuerzas que permita construir espacios de poder y participación popular que, a su vez, conduzcan a un proceso de liberación definitiva de los pueblos. En esa medida, pienso que en esta etapa, la lucha armada en América Latina está agotada y que serán las oligarquías y el imperialismo en su denodado esfuerzo por cerrar los caminos de la democracia, los que pudieran abrir espacio nuevamente a la alternativa de la violencia. Ninguna persona sensata puede hacer valer la lucha armada como fin y no como medio de obtener los objetivos propuestos cuando se han cerrado los espacios de debate y participación democrática y cuando la represión de los poderes oligárquicos no admiten otra opción de futuro.

Cualquiera que haya conocido la guerra en sus entrañas, sobre todo cuando ésta se prolonga indefinidamente, podrá constatar las deformaciones que se producen en uno y otro bando, -sea cual sea la orientación política sobre la que se actúa- en la medida que la conflagración bélica, genera comportamientos humanos ajenos a su estructura fisiológica y sicológica. La guerra no es un hecho natural, sino expresión de una situación que se origina cuando se han agotado los medios pacíficos para dirimir las controversias. En el caso de las guerras civiles, la imposición de conductas políticas por vía de la fuerza por parte de quienes ostentan el poder, ha sido la causa más común de su inicio.

Ese es el caso de Colombia, un conflicto surgido en el marco de la guerra fría, pero que eclosiona a partir de la coacción del bipartidismo liberal-conservador hacia sectores campesinos pobres que se organizan para defender su tierra, está en la raíz del conflicto. Las Fuerzas Armadas que fueron creadas, - como en todos los países- para defender la soberanía del pueblo, se ha utilizado con objetivos distintos por parte de la oligarquía. Cuando esto ocurre continuamente durante más de 50 años, se degradan de manera relevante los métodos, los principios, los valores y las formas de actuación en un combate para el que teóricamente no fueron preparadas. Otro tanto ocurre con las fuerzas subversivas, cuando la guerra se prolonga indefinidamente sin obtener los objetivos trazados. El conflicto y su forma de actuar en él, se transforma en un círculo vicioso del que es muy difícil salir sin que se vislumbren ni en el mediano ni en el largo plazo, la posibilidad real de obtener la victoria.

Escribo estas líneas, hoy 24 de julio, cuando se conmemoran 232 años del natalicio del Libertador Simón Bolívar. Tal vez, valgan sus palabras para testimoniar el espanto que le producía la guerra. El 27 de mayo de 1815 en carta que dirige desde Kingston, Jamaica a Sir Richard Wellesley le dice “Provincias enteras están convertidos en desiertos; otros son teatros espantosos de una anarquía sanguinaria. Las pasiones se han excitado por todos los estímulos, el fanatismo ha volcanizado las cabezas, y el exterminio será el resultado de estos elementos desorganizadores”, y agrega a continuación, “Yo vi, mi amigo, la llama devoradora que consume rápidamente a mi desgraciado país. No pudiéndola apagar, después de haber hecho inauditos e innumerables esfuerzos, me he salido a dar la alarma al mundo, a implorar auxilios, a anunciar a la Gran Bretaña y a la humanidad toda, que una gran parte de su especie va a fenecer, y que la más bella mitad de la tierra será desolada”.

En Colombia, país bolivariano, pareciera que las fuerzas que hoy se confrontan han llegado a comprender que  era necesario “implorar auxilios” y evitar que sigan feneciendo sus ciudadanos y que no debe continuar la desolación en sus tierras.  Han aceptado la negociación y desde hace dos años se han sentado en La Habana a buscar los caminos de la paz. El tránsito por este sendero no ha sido fácil de recorrer, fuerzas extremistas interesadas se han esmerado en poner cortapisas a las conversaciones  y a los acuerdos que se han ido logrando. En particular, el ex presidente Álvaro Uribe ha volcado toda su furia guerrerista para impedir el arreglo necesario. Tras él, los “perros de la guerra” que han hecho de ésta, un negocio multimillonario se aferran a la imposibilidad de lograr el fin del conflicto.

Pero, las partes han perseverado a las mil y una provocaciones que han surgido en el trayecto. Las Farc perdieron en combate al Comandante Alfonso Cano, su máximo jefe, pero en una acto de madurez política que los enaltece no se pararon de la mesa de negociaciones. La despiadada oposición de Uribe al fin de la guerra, y la debilidad que a ratos ha mostrado el Presidente Santos hizo que al comienzo negociara equivocadamente como si lo hiciera con un enemigo derrotado. Sus asesores le recomendaron la continuidad de las acciones bélicas mientras se conversaba en La Habana. Pero, el presidente de Colombia debe entender que este no es el juicio de Nüremeberg, su camino debería ser el de Esquipulas y Chapultepec, que sirvieron para que las fuerzas enfrentadas militarmente en Nicaragua y El Salvador, concurrieran exitosamente a la mesa de negociaciones y concluyeran sendos acuerdos de paz que han desterrado de esos países la posibilidad de la guerra como forma de hacer política. Así mismo, las permanentes declaraciones que ponen plazos y fechas para el logro de la paz no ayudan en el proceso que se adelanta en La Habana. Al respecto, en un artículo titulado ”Colombia, la paz no debería tener plazos” publicado en agosto de 2013 señalaba que “El afán permanente de poner plazo al fin de las mismas,(las conversaciones de paz) da cuenta de una visión cortoplacista de cara a la solución de un conflicto ancestral. Como habitualmente apunta el Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de los Andes en Mérida, Vladimir Aguilar, los tiempos políticos no siempre coinciden con los tiempos electorales. En este caso, es más que patente tal aseveración. Suponer que una conflagración de 50 años debe terminar antes de las próximas elecciones y que la reelección del presidente Santos es más importante que finalizar con el desangre de un país es no tener altura de miras ni comportarse como un estadista. La guerra debe terminar, a la paz no se le debe poner plazos”. Eso podría estar ocurriendo hoy nuevamente de cara a las elecciones de autoridades locales de octubre, en las que el tema de la paz pareciera querer utilizarse como propaganda de campaña.

Al comenzar este año,  los primeros días de enero, a fin de encarar esta etapa del proceso de negociación de la mejor forma para sus intereses, el presidente Santos se reunió durante varios días a puertas cerradas con asesores internacionales expertos en negociación. Participaron del cónclave, el profesor  de la Universidad de Harvard (EEUU) William Ury y el ex guerrillero del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador, hoy al servicio del Departamento de Estado, Joaquín Villalobos. También acudieron el exjefe de gabinete británico Jonathan Powell, responsable del acuerdo de paz en Irlanda del Norte y el ex canciller israelí Shlomo Ben Ami, arquitecto de los acuerdos de Camp David entre Israel y Palestina.

Sin embargo, diversos incidentes han mostrado la ambigüedad y los titubeos de Santos, evidentemente presionado por factores de poder que le piden “firmeza” y celeridad en la negociación. Así mismo, ha sido receptivo de las influencias de los que rechazan de plano al proceso. Se avanza no exento de dificultades y amenazas. Las Farc han perseverado en su decisión de un cese unilateral de las acciones, lo cual ha comenzado a calar en la opinión pública llevando al gobierno a un acuerdo para iniciar el desminado de los territorios en conflicto. El alto al fuego comenzó el 20 de julio. En esa dirección, el gobierno ha anunciado el “desescalamiento” del conflicto, a partir de la misma fecha, todo lo cual coadyuva en el adelanto de las negociaciones.

De la misma manera, el pasado miércoles 22 de julio, Naciones Unidas anunció que enviará un equipo de expertos a Cuba para apoyar el proceso de paz. El secretario general adjunto de la ONU para Asuntos Políticos, Jeffrey Feltman, visitó Bogotá, con el objetivo de “…comunicar en nombre del secretario general, Ban Ki Moon, el firme respaldo de la ONU al proceso de paz y su compromiso de brindar cualquier tipo de apoyo que las partes necesiten para un resultado exitoso”.

Estas evidencias conducen a suponer que el proceso de paz ahora si ha entrado en camino derecho. Las presiones de los enemigos del diálogo han quedado sepultadas. A pesar que las mentes putrefactas de Uribe y sus adláteres siguen apostando por la guerra y la confrontación, la voluntad de paz del pueblo colombiano pareciera estar imponiéndose. 

Publicación Barómetro
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LA PAZ COMO VICTORIA Y EL COMPROMISO DE LOS PATRIOTAS NUESTROS AMERICANOS - FE

Desde Colombia
30 Agosto 2015


La Paz Como Victoria Y El Compromiso De Los Patriotas Nuestros Americanos
Por Fernando Esteche

Colombia, como espacio territorial y como noción política, fue cuna de la idea de Nuestra América. Es el primer territorio donde se hace concreta la noción de Patria Grande soñada por Francisco Miranda y construida en los hechos por Simón Bolívar en el Congreso de la Angostura. Sorteando las contradicciones que la propia historia le imponía a los territorios deliberadamente desguazados por la ocupación colonial en presidencias, virreinatos y capitanías generales; lo que la historiografía recupera hoy como Gran Colombia no fue otra cosa que el intento práctico de construcción de Patria Grande.

La Carta de Jamaica y el Discurso de Angostura, entre otros tantos documentos, expondrán la grandeza del pensamiento de Simón Bolívar:

“Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Mundo Nuevo en una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse; […] ¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras partes del mundo. Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna época dichosa de nuestra regeneración (…)”

El Congreso de Panamá insistirá en sentar las bases doctrinarias y construir los acuerdos necesarios para la unificación jurídico político de todo el territorio nuestro americano. Pretenderá construir una Confederación de Naciones para suplantar desde la unidad al orden colonial español. Fue un intento consistente por evitar la balcanización de las nacientes repúblicas independientes y evitar así (lo que luego ocurriría) la debilidad resultante de una fragmentación política y económica que las dejara en situación de inferioridad frente a las potencias coloniales e imperiales.

Todos los líderes de la independencia latinoamericana tuvieron clara conciencia de la necesidad de la unidad. Ya en algunos hombres que protagonizan aquel momento estaba el virus del cipayismo contra el que las luminosas ideas de Bolívar, San Martín, Monteagudo, Artigas, Juan Egaña y tantos otros no pudieron en ese momento. Colombia es también el espacio donde tempranamente se expresaron las clases populares y amasaron una novedosa forma de hacer política que combinó intervenciones e interpelaciones a lo institucional constituido, fundación de nueva institucionalidad e insurgencia. Ahí el Grito de Socorro, la rebelión de los comuneros, Manuela Beltrán, Galán, Berbeo y en tantos y tantos puede uno referenciar los primeros intentos de las clases populares por tomar en sus manos la construcción de su propio destino, por cuestionar la legitimidad de quien detentaba el poder del Estado.

Tenemos entonces una Tierra prodigiosa y tempranera en insinuar, caminar e intentar los grandes desafíos que desde la primera independencia hemos planteado los nuestro americanos: Patria Grande y Soberanía Popular. Colombia no puede ni debe estar ausente del pensamiento ni de la acción de los patriotas nuestro americano.

El conflicto armado

El inicio del conflicto armado, su ubicación temporal en la historia de Colombia, será motivo de discrepancias. No obstante cualquier observador lego podrá advertir la continuidad de la situación de guerra política desde el inicio de la historia colombiana. Las guerrillas liberales, los acuerdos una y otra vez traicionados de pacificación, la guerra contra las repúblicas independientes, el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, el genocidio contra la Unión Patriótica, etc. Todos estos ejemplos hacen asomar impertinente la evidencia de que el Estado Colombiano no pudo monopolizar el uso de la fuerza y de que una y otra vez la manera de conmover e interpelar al Estado para que sea efectiva ha sido la violencia y que el relacionamiento del Estado con las clases populares ha sido la de operar su sometimiento a partir de la guerra permanente.

La violencia ha sido un elemento estructurante, constituyente y articulador de la historia y el presente político colombiano; ante las dificultades del Estado de construir el monopolio de la fuerza producto de su inestabilidad hegemónica que seguramente tiene motivaciones tanto en la debilidad de la alianza de clases dominantes como en la imposibilidad de imponerle a las clases populares una forma de producción política que reproduzca la normalidad y el orden que las elites colombianas pretenden.

Hay motivos inocultables que produjeron esta situación de guerra política, de conflicto armado. Uno es la cuestión agraria, la concentración y enajenación de la tierra, el despojo. Otro motivo que se desprende del anterior es la confiscación de la política por parte de esa misma oligarquía que se apropia de las tierras, enquistada en el Estado, produce una continua cerrazón política expulsando de la posibilidad de disputar el gobierno a las clases populares. El Frente Nacional será la expresión paradigmática de esta confiscación de la posibilidad de acceder al gobierno a manos de las elites. El asesinato de Jorge Eliécer Gaitán es la expresión por antonomasia de la cerrazón política de la que hablamos. El tercer elemento es el narcotráfico, que no solo suministrará recursos para la guerra contra las clases populares, construirá el paramilitarismo, será el argumento, además, la excusa moral, para el injerencismo y el intervencionismo norteamericano a través del Plan Colombia. Y el elemento fundamental que será paraguas de todo lo anterior es la colonización del Estado por parte del imperialismo norteamericano.

Desigualdad e inequidad, injusticia y concentración de la riqueza, serán elementos permanentes en la política colombiana como así también la creciente degradación de los actores de la política formal mutando de políticos profesionales a gánster territoriales, cuando no directamente a empleados del narco o de la DEA.

Más de cincuenta años de existencia de una insurgencia popular que por naturalizada como elemento estructurante de la política colombiana no ha perdido ímpetu, demuestra que el sistema político colombiano es excluyente y prescriptivo.

En pleno apogeo del neoliberalismo, inmersos en una de las tantas conversaciones de Paz, surgirá el Plan Colombia de la mano del cambio de estrategia de redespliegue militarista norteamericano. Será la dimensión militar policíaca del proyecto de saqueo a gran escala que pergeñaban a través del ALCA. Operará además como el elemento militar de disuasión ante cualquier intento de confrontar los planes norteamericanos. La justificación serán los dos nuevos elementos que el imperialismo irá imponiendo para, a partir de ellos, sobre determinar procesos políticos subalternos: el narcotráfico devenido luego en narcoterrorismo, y la llamada seguridad ciudadana.

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