Mostrando entradas con la etiqueta KARL MARX. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta KARL MARX. Mostrar todas las entradas

LA OBRA DE MARX NO DICE LA VERDAD POR SU RELEVANCIA POLÍTICA. ES RELEVANTE POLÍTICAMENTE EN LA MEDIDA QUE DICE LA VERDAD - SLA

Desde Agen. Internacional
Fecha: 05/Marzo/2016


La Obra De Marx No Dice La Verdad Por Su Relevancia Política. Es Relevante Políticamente En La Medida En Que Dice La Verdad
Por Salvador López Arnal (*)

Entrevista a Carlos Fernández Liria sobre su libro "El marxismo hoy. La herencia de Gramsci y Althusser". El último libro de Carlos Fernández Liria se inscribe una colección de filosofía que se ha divulgado junto con el periódico El País. El número de la colección que corrió a su cargo es el correspondiente a la herencia del marxismo en la actualidad, a través de las obras de Althusser y de Gramsci.

En él encontramos una síntesis muy pedagógica de algunas de las tesis que este autor, junto con Luis Alegre Zahonero, había ya mantenido en su obra El orden de El capital (Akal, 2012), y también una reflexión sobre la herencia del pensamiento de Gramsci en el actual debate político.

Felicidades por tu nuevo libro. Te pregunto por el título: ¿Qué es para ti el marxismo? ¿Una ciencia, una filosofía, una política de transformación socialista no entregada, una nueva cultura?

Probablemente es y ha sido todas esas cosas. Pero, si yo tuviera que destacar lo más importante, diría que Marx fue una especie de Galileo de la historia, que marcó el camino para entender nuestra sociedad capitalista. A mi entender, eso que llamamos la economía se desarrolla en una especie de alquimia al servicio de los poderes fácticos. Tal y como ocurriría con la física si los enemigos de Galileo, de Newton o de Einstein hubieran logrado marginar sus obras de la comunidad científica y siguieran un camino dictado por los poderes económicos y religiosos. Se comprende que, en economía, eso es actualmente mucho más peligroso que en el caso de la física, la química o la biología. Otra cosa es, por supuesto, que, al sentar las bases para una comprensión de la sociedad capitalista, Marx sacó a la luz cuestiones que tenían una trascendencia política impresionante y que, consiguientemente, influyeron y siguen influyendo en las luchas políticas. Suelo decir a menudo que, si los triángulos rectángulos consistieran en una inmensa injusticia, el teorema de Pitágoras sería muy subversivo desde un punto de vista político. Pero eso es lo que ocurre precisamente, con el capitalismo. La obra de Marx no dice la verdad por su relevancia política. Es relevante políticamente en la medida en que dice la verdad.

¿No es el caso, como apuntas en las primeras líneas del libro que marxismo y actualidad parecen nociones contradictorias? ¿Dónde es actual el marxismo?

El marxismo es tan actual como el capitalismo. O sea, desdichadamente, mucho. Leyendo a muchos pensadores contemporáneos uno podría imaginarse que ya no hay obreros ni capitalistas, como si las cosas nacieran por arte de magia en los escaparates. Pero basta pensar en la ropa que uno lleva encima para saber que ha sido fabricada en condiciones infrahumanas, en las fábricas del tercer mundo. La postmodernidad es mucho más moderna de lo que podría parecer. Y las claves para entender nuestro mundo siguen, en mi opinión, siendo las mismas que planteó Marx. Una de las cosas que hay que sacar a la luz, en primer lugar, es por qué la economía no deja de dar palos de ciego, por qué es una pseudociencia apologética, una estafa ideológica. Marx lo denunció y lo explicó ya en su época y la situación no ha cambiado tanto. En cierto sentido es mucho peor aún que en tiempos de Marx.

¿Qué aspectos relevantes de la tradición marxista han quedado más obsoletos en tu opinión?
Uno se sorprende comparando la obra de Marx con la tradición marxista. Un poco como si comparas a Jesús de Nazaret con la conferencia episcopal o con 13TV. Pero yo creo que lo más importante es comprender que Marx no fundó una teoría general de la historia, que no era hegeliano y que no consideró que la democracia parlamentaria fuera una mera superestructura ligada al modo de producción capitalista. Lo explicamos Luis Alegre y yo, con mucho detenimiento, en El orden de El Capital. Ahora he intentado hacer un resumen de carácter divulgativo, que pudiera llegar a mucha gente.

Las experiencias socialistas del siglo XX, ¿qué balance han dejado respecto al cuerpo teórico marxista? Hablando en términos popperianos, ¿han falsado muchas de sus teorías e hipótesis?
No cabe duda de que Marx se habría sentido horrorizado con las experiencias del socialismo real. Pero aquí hay que tener cuidado. Por socialismo real no deberíamos entender tan solo aquellas experiencias históricas que lograron ser socialistas durante unas cuantas décadas, contra viento y marea, en unas condiciones infernales, entre invasiones, guerras y bloqueos, y que, desde luego, resistieron tan sólo a base de suprimir las libertades, la democracia y la división de poderes. También eran reales los muchos intentos que hubo en el siglo XX de llevar el socialismo por la vía democrática. Lo que pasa es que todas esas experiencias políticas fueron masacradas por golpes de Estado o invasiones militares. Así pues, no está probado en absoluto que el socialismo y la democracia sean incompatibles. No es lo mismo fracasar que ser derrotado. Lo que en todo caso demostró el siglo XX es que el socialismo democrático no servía para ganar guerras. Esto puede ser muy interesante para reflexionar, pero no significa ni mucho menos que socialismo y democracia sean incompatibles. Además, la senda venía marcada por los países europeos en la época del Estado del Bienestar. Se podría haber profundizado por ese camino y se habría comprobado que el socialismo era mucho más compatible con la democracia que el capitalismo. Pero eso se acabó. Y de todos modos: Marx no estudió el comunismo, sino el capitalismo. Son sus tesis sobre el capitalismo las que habría que falsar y, la verdad, a mí me parece que el siglo XXI, más bien, las va confirmando más y más. Por ejemplo, Marx explicó muy bien por qué el capitalismo necesitaba de una reproducción ampliada y de una polarización de la riqueza cada vez más sangrante. Actualmente, el crecimiento capitalista amenaza ya los límites ecológicos más elementales, abocando a un suicidio de la humanidad. Y la brecha entre ricos y pobres ha llegado a superar todas las previsiones y raya ya en el más puro surrealismo.

¿Qué es eso de rescatar a Marx el propio marxismo? ¿Una especie de Marx sin ismos como quería y escribió Francisco Fernández Buey?

Seguramente sí, no conozco bien lo que dijo nuestro querido Francisco Fernández Buey, al que considero, en todo caso, uno de los pensadores más honestos y grandes del marxismo español. La fórmula de un marxismo sin ismos es, en todo caso, muy buena. Desde que Marx mismo dijo aquello de yo no soy marxista, estaba claro que su obra tenía que ser estudiada con un poco de seriedad académica, sin pagar tributos a las ideologías marxistas. Algunas de esas ideologías introdujeron verdaderos disparates en la interpretación de la obra de Marx. Otra cosa es que su papel político, en muchos casos, haya podido ser, por otros motivos, admirable o heroico. Yo admiro la tradición política comunista. Pero eso no implica que se puedan aceptar muchas de sus lecturas de Marx.

Gramsci, Althusser, ¿por qué estos dos autores? ¿Son los únicos filósofos de la tradición, más allá de los clásicos, que te resultan hoy de algún interés?

No, la verdad es que me lo propuso así la editorial, en concreto, Manuel Cruz, el director de la colección. De todos modos, me pareció un acierto por las razones que cuento en el libro. Althusser, porque nos ayuda a leer a Marx con un poco de serenidad científica. Y Gramsci, porque es, sin duda alguna, el pensador marxista más influyente en el momento actual. En el libro procuro ligar a Gramsci con el llamado populismo de izquierdas, de la mano de Chantal Mouffe o Ernesto Laclau, y también, por supuesto con el surgimiento de Podemos en este país. Hubo, por cierto, algunas reticencias en la editorial para nombrar a Podemos o incluso para aludir al 15M. Alegaban que se trataba de un libro de divulgación y no de un libro comprometido políticamente. Ya les dije que estaba de acuerdo, pero que la cuestión era más bien qué convenía y que no convenía divulgar. Llegué a proponerles que encargaran a algún otro un libro que se llamara: El marxismo actual que a los antimarxistas nos interesa divulgar.

¿Ves alguna relación entre el uso y significado del concepto crítica en las críticas kantianas y el subtítulo de El Capital, crítica de la economía política?

Sí. Aquí crítica significa delimitación, demarcación de los límites de algo. Delimitar algo es sacar a la luz en qué consiste, y, por lo tanto, cuál es su fundamentación , un término que Marx también utiliza mucho.

El primer capítulo del libro lleva por título La relectura estructuralista de Marx. ¿Qué noción de estructura usa esta lectura estructuralista?

Es un poco largo de explicar. He intentado contarlo con un ejemplo sacado de El Capital, el ejemplo del señor Peel, un señor que, según Marx, metió en un barco todas las partes del capital y se olvidó de meter, precisamente, la estructura del capital. Creo este ejemplo es muy pedagógico para explicar lo que es una estructura. Yo lo utilizaba en clase para explicar no a Marx, sino a Platón, para explicar el concepto de eîdos. Explicaba a Platón con Marx y a Marx con Platón. Es gracioso, mis alumnos han hecho ya varias canciones sobre el señor Peel, yo creo que, al menos, tres. Una de ellas, del grupo Complejo de Electra, está ya en un disco.

Comentas críticamente las supuestas leyes marxianas de la historia. Sin embargo, Gerald Cohen, como bien sabes, escribió una defensa de la teoría marxista de la historia. ¿No te convenció su aproximación? ¿Puede haber una teoría que no incorpore esas supuestas leyes históricas?

No he estudiado a Cohen, pero siempre estoy muy de acuerdo con César Rendueles, que es un gran conocedor de su obra. Sea como sea, el que no haya leyes de la historia no quiere decir que la historia sea incomprensible, que no pueda ser estudiada con rigor científico. Como digo, César Rendueles, ya desde los tiempos de su tesis doctoral (lo sé porque yo era su director y aprendía mucho con ello) no ha dejado nunca de pensar este problema y estoy seguro de que tiene toda la razón.

Althusser, apuntas, nunca se definió como estructuralista pero, añades a continuación, no cabe duda de que su interpretación de Marx debía mucho al estructuralismo. ¿Qué deuda o deudas estructuralistas tenía Althusser?

Pienso que, como dijo en una ocasión Lévi-Strauss, eso del estructuralismo no era ni mucho menos tan novedoso como se pretendía. Yo creo que lo que sí hubo fue una batalla muy importante contra las filosofías de la historia. Se trataba de hacer ver que la sincronía y la diacronía no se explican mutuamente. Para entender una jugada de ajedrez no sirve para nada, en efecto, saber cómo se ha llegado a ella. Y claro, el concepto hegeliano de Aufhebung, tan querido por el marxismo, sugería todo lo contrario. Había que romper con Hegel y con todas las filosofías de la historia que tuvo por herencia.

Causalidad estructural es una noción clave en tu lectura de Althusser. ¿Nos haces un pequeño resumen del significado e importancia de esta categoría?

Bueno, es un tema endiablado y yo he hecho lo que he podido. Pero podemos pensar en que todo el mundo entiende la diferencia que hay entre, por ejemplo, la injusticia que se puede cometer contra un obrero y la injusticia en la que consiste el hecho mismo de ser obrero (aunque sea un obrero muy bien tratado). Una cosa es que sea injusto lo que hace un banquero y otra que sea injusto aquello que hace banquero al banquero. Desde Platón, se han hecho mil intentos de pensar la diferencia entre el mundo de los hechos y el mundo de las estructuras (que no por eso dejan, por supuesto, de ser, también fácticas y contingentes). Una cosa es luchar contra las atrocidades de los capitalistas y otra luchar contra la atrocidad del capitalismo mismo.

Te cito de nuevo: Es aquí donde Althusser consideró que residía el núcleo mismo de la inmensa revolución teórica de Marx, en el descubrimiento de una estructura . ¿Y qué estructura descubrió Marx?

Descubrió, aquello en lo que consiste el capital. Y estudió el dinamismo estructural de esa consistencia, que no es el mismo que su dinamismo temporal o histórico. Estudió, en suma, aquello que hace capitalista a la sociedad capitalista.

¿Cómo debemos entender el antihumanismo que Althusser atribuye a Marx? ¿No es contradictorio con aquello de que el hombre es nuestro capital más preciado? ¿O con el lema que él mismo eligió: Nada humano me es extraño?

Sí, le he dado mucha importancia a este tema en el libro. No es Marx el que es antihumanista, es el capitalismo el que trata a los seres humanos como una basura. Y si somos anticapitalistas es, por supuesto, a favor del ser humano. Marx habla en El Capital, muchísimas veces, de que el comunismo liberará las fuentes del desarrollo humano que el capitalismo, en cambio, está abortando constantemente. Y para mi interpretación, en la que no he parado de insistir en todas mis publicaciones, estas fuentes de desarrollo humano han sido perfectamente radiografiadas por el pensamiento de la Ilustración. Por eso he mantenido siempre que no somos comunistas más que para poder ser ciudadanos de una república bien hecha. Somos marxistas a favor del proyecto político de la Ilustración no a favor de un nirvana comunista o de un hombre nuevo maoísta. Esto implica que, por el camino, es preciso haber terminado con el mito ese de que la revolución francesa fue una revolución burguesa. Pero eso ya lo han hecho a la perfección Florence Gauthier, Toni Domènech o Joan Tafalla.

Unas preguntas más, no abuso. ¿Por qué está de nuevo Gramsci tan de moda, como lo estuvo por ejemplo en los años setenta del siglo pasado?

Está claro que no podemos ganar una revolución armada contra el capitalismo. No hay otra posibilidad que la lucha por la hegemonía cultural, ideológica y social. Por eso Gramsci vuelve a estar en primer plano, porque él fue quien pensó mejor en lo que era una batalla por la hegemonía.

¿Ves alguna relación entre las nociones más valoradas del Gramsci de los Quaderni y la teoría populista asociada y tan moda y estudio- a Laclau y Mouffe?

Mucha. Aunque Gramsci era un comunista que no renunciaba a la lucha revolucionaria. Lo que pasa es que son otros tiempos. Venimos de una derrota impresionante e ininterrumpida. Es un delirio no tener esto en cuenta y pensar con los esquemas leninistas de comienzos del siglo XX, cuando la correlación de fuerzas era tan distinta. En todo caso, precisamente ahora voy a publicar un libro sobre Populismo en el que me voy a ocupar de todas estas cosas. Saldrá en marzo.

¿Cuáles son las categorías gramscianas que te parecen hoy más fructíferas?

Las que utiliza constantemente Manolo Monereo... hegemonía, guerra de posiciones , partido orgánico ... Monereo es el gran heredero de Gramsci en este país.

¿Podrías haber incluido a Benjamin entre ese colectivo de autores marxistas que te interesan especialmente?

Por supuesto, pero soy muy ignorante y no sé mucho de Benjamin.

¿Te sigue interesando Anders?

Mucho, la verdad. El concepto de desnivel prometeico me parece muy importante y afortunado para entender lo que nos está pasando. Y además, tengo simpatía por este señor que pasó del pacifismo a defender la lucha armada, precisamente cuando tenía ya ochenta años. No digo que esté de acuerdo con él, pero entiendo su desesperación.

¿Qué futuro ves al marxismo? ¿Te parece una tradición muerta o bastante o muy herida de muerte?

Respecto al futuro que nos espera soy, a medio plazo, muy pesimista. Yo creo que el capitalismo acabará con el mundo o con todo lo que merece la pena respetar en este mundo, en un plazo relativamente corto. Y el marxismo por eso mismo, será cada vez más actual, porque cada vez se demostrará más hasta qué punto tenía razón. Claro que esto no será un gran consuelo, me temo.

Una duda para acabar. Hablas de Gramsci y Althusser y en ningún momento citas a Manuel Sacristán, por ejemplo, que escribió sobre uno y otro, especialmente sobre el primero. ¿No te interesa especialmente su línea interpretativa?

No, no, claro que me interesa. Pero lo poco que sé al respecto es porque tú me explicaste algo alguna vez. Las referencias de Sacristán a Althusser, las que he leído, me parecieron muy oportunas, mucho mejor de lo que estilaba en la época, desde luego. Pero es que yo conozco muy poco la obra de Sacristán. No estoy orgulloso de ello.

Por cierto, ¿cómo se distribuye el libro? ¿Cómo podemos dar con él?

Para mí mismo es un gran misterio. He contactado con El País para saber cómo hacerme con el libro, yo mismo, que soy el autor, y me dicen que me los venden en ventanilla, si me paso por ahí. Pero creo que ha habido quien ha conseguido el libro encargándolo en los kioskos, atendiendo al número que sale en el código de barras, que es el 36. Yo creo que debe ser el número de la colección. La editorial es Batiscafo, pero ellos también me dijeron que tenían problemas para conseguir ejemplares con El País. Es un poco surrealista, porque en el contrato que firmé ponía que la edición era nada menos que de 250.000 ejemplares.

¿Quieres añadir algo más?

Bueno, que me encantaría charlar contigo sobre cómo ves la situación tras las elecciones del 20D. Pero lo dejamos para cuando nos veamos.

Pues te pido una cita, como en los viejos tiempos.

(*) Este artículo se pública con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


LEÓN TROTSKI; EL IDEÓLOGO MAXISTA - JEMR

Desde España
10/Octubre/2013


León Trotski, el ideólogo marxista que sentó la postura más consecuente con las luchas de los pueblos del África negra
José Eulícer Mosquera Rentería

La generalidad de partidos e ideólogos marxistas no incluyen la lucha contra el racismo y la discriminación racial como uno de los puntos principales de sus agendas, plataformas y programas de lucha, a duras penas los denuncian, y al contrario, insultan, estigmatizan y hasta excomulgan a sus militantes afros que asumen con responsabilidad el compromiso de trabajar por la redención de su pueblo desde esta perspectiva, al no considerar este tema como una de las manifestaciones más profundas de la lucha de clases, no obstante tener su origen en el colonialismo y el neocolonialismo capitalistas, y detrás del cual se ocultan las más terribles explotación y opresión sobre los pueblos de la africanía. En USA y Sudáfrica por ejemplo, un trabajador o empleado blanco llegó a devengar hasta más de 20 veces por encima de otro negro, por igual trabajo o cargo desempeñado. Es decir que la mayoría de partidos marxistas  se han resistido a admitir la lucha contra el racismo y la discriminación racial como lo que realmente es: parte del repertorio de manifestaciones de las luchas del proletariado contra la explotación económica capitalista y la opresión étnica y nacional.

En los años de 1930 y después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la lucha de los pueblos de la africanía contra el colonialismo, el racismo y la discriminación racial; por la igualdad real y el progreso social llegó al más alto grado, se dio una candente discusión sobre  estos temas y particularmente el Partido Comunista de Sudáfrica, que se había constituido en 1915 con una aristocracia de obreros, empleados, profesionales e intelectuales europeos, mantuvo su postura excluyente de la lucha contra el racismo y la discriminación racial, y de su hijo, el apartheid, como una de las prioridades de su agenda de lucha, a pesar de que ya en los años de 1930 en su dirección habían muchos africanos-negros. Así mismo, este partido rechazaba la propuesta del Congreso Nacional Africano de construir una República Sudafricana independiente y soberanamente gobernada por los africanos, como dueños legítimos de sus territorios y como mayoría absoluta de la población sudafricana, ya que constituían más del 75% de la misma. Por ello, destacados dirigentes e ideólogos revolucionarios de la africanía como Nelson Mandela, Oliver Tambo, George Padmore, Frantz Fanon, Aime Cesaire y Kwame Nkrumah, entre otros, se abstuvieron o desistieron de militar en dichos partidos, a pesar de compartir los postulados fundamentales del marxismo.

La actitud ambigua y en ocasiones despectiva de los partidos marxistas frente a la problemática particular de los pueblos de la africanía, también llevó a que surgieran los partidos y movimientos afro-negros, tales como el Partido de los de Color, en Cuba; la Asociación Universal para la Mejora del Hombre Negro, de Marcus Garvey, con sedes principales en Jamaica y Estados Unidos; el Poder Negro de Robert F. Williams y Richard Wright, y las Panteras Negras de Huey P. Newton y Bobby Seale, en USA; el Convention People Party de Nkrumah, el Movimiento Mau Mau de Kenyatta y el Movimiento Nacional Congolés de Lumumba, en África, entre otros.  Ya a principios del silgo XX, el comportamiento racista,  euro-céntrico y excluyente del movimiento sindical había obligado a la creación del sindicalismo afro-negro en Estados Unidos, Europa y en la misma África, cuyos dirigentes más destacados fueron George Padmore, Cyril Lionel Robert James; y los sudaneses Ibrahim Zakaria y Ahmed el Sheikh, todos los cuales estuvieron entre los fundadores de la Federación Sindical Mundial,  y algunos fueron miembros de su junta directiva por varios períodos. Sin embargo, estos brillantes y heroicos dirigentes revolucionarios afros han sido invisibilizados hasta por la izquierda marxista, profundamente afectada por el eurocentrismo.

Contrariamente a la postura del Partido Comunista Sudafricano y de otras agrupaciones y dirigentes marxistas, León Trotski en su escrito “Sobre las Tesis Sudafricanas”, publicado entre 1934 y 1935, planteó lo siguiente: “1. (…) las tres cuartas partes de la población sudafricana…no son europeos. Es inconcebible una revolución victoriosa sin el despertar de las masas nativas. A la vez eso les dará lo que hoy les falta, confianza en sus propias fuerzas, una conciencia personal más elevada, un nivel cultural superior. En estas condiciones, la República Sudafricana surgirá antes que nada como una república “negra”; por supuesto esto no excluye una total igualdad para los blancos o las relaciones fraternales entre ambas razas; dependerá fundamentalmente de la conducta que adopten los blancos. Pero es obvio que la mayoría predominante de la población, liberada de su dependencia esclavizante, pondrá su impronta en el Estado. 2. Dado que una revolución victoriosa cambiará radicalmente no solo la relación entre las clases sino también la relación entre las razas, y garantizará a los negros el lugar que les corresponde en el Estado de acuerdo a su número, la revolución social tendrá en Sudáfrica también un carácter nacional. No tenemos la menor razón para cerrar los ojos ante este aspecto de la cuestión o para disminuir su  importancia. Por el contrario, el partido proletario, abierta y audazmente, en las palabras y en los hechos, tiene que tomar en sus manos la solución del problema nacional (radical). 3. No obstante, el partido proletario puede y debe resolver el problema nacional con sus propios métodos. El arma histórica para la liberación nacional sólo puede ser la lucha de clases. (…). 4. No podemos estar de acuerdo con la forma en que se expresan las tesis (del Partido Comunista Sudafricano) cuando afirman que la consigna de “república negra” es tan perniciosa para la causa revolucionaria como la consigna “Sudáfrica para los blancos”. Mientras que con la última se apoya la opresión más total, con la primera se dan los pasos iniciales hacia la liberación.

Tenemos que aceptar resueltamente y sin reservas el absoluto e incondicional derecho de los negros a la independencia. La solidaridad entre los trabajadores negros y blancos sólo se cultivará y se fortalecerá en la lucha común contra los explotadores blancos (o capitalistas europeos). 5. Es posible que después del triunfo los negros no crean necesario formar un Estado negro separado en Sudáfrica. Por supuesto no los obligaremos a implantarlo. Pero que tomen su decisión libremente, en base a su propia experiencia, no obligados por el sjambok (látigo) de los opresores blancos.

Los revolucionarios proletarios nunca deben olvidar el derecho de las nacionalidades oprimidas a la autodeterminación, incluso a la separación plena, ni la obligación del proletariado de la nación opresora de defender este derecho con las armas en la mano si fuera necesario. 6. (…) “No debemos, dicen las tesis, competir con el Congreso Nacional Africano con consignas nacionalistas para ganar a las masas nativas”. La idea en sí misma es correcta, pero hay que ampliarla concretamente…7.Los bolcheviques leninistas deben salir en defensa del Congreso, tal como éste es, en todos los casos en que lo ataquen los opresores blancos y sus agentes chovinistas en las organizaciones obreras. 8. Los bolcheviques leninistas han de dar más importancia a las tendencias progresistas del programa del Congreso que a sus tendencias reaccionarias. 9. Los bolcheviques leninistas denunciarán ante las masas nativas la incapacidad del Congreso de lograr la concreción incluso de sus propias reivindicaciones, debido a su política superficial y conciliadora. A diferencia del Congreso, los bolcheviques leninistas llevarán adelante un programa revolucionario de lucha de clases. 10. Son admisibles los acuerdos episódicos con el Congreso, si las circunstancias obligan a tomarlos, sólo dentro del marco de las tareas prácticas estrictamente definidas, manteniendo la independencia total y absoluta de nuestra organización y nuestra libertad de crítica política. (…). El proletariado del país está constituido por parias negros atrasados y una privilegiada, arrogante casta de blancos. Aquí reside la principal dificultad. Como lo plantean correctamente las tesis, las convulsiones económicas del capitalismo putrefacto tienen que sacudir brutalmente las viejas barreras y facilitar la confluencia revolucionaria. De todos modos, el peor crimen de parte de los revolucionarios sería hacer la menor concesión a los privilegios y prejuicios de los blancos. Quien le da aun que sea el dedo meñique al demonio del chovinismo está perdido. 11. El partido revolucionario tiene que plantearle a todo obrero blanco la siguiente alternativa: o con el imperialismo británico y la burguesía blanca de Sudáfrica, o con los trabajadores y campesinos negros contra los señores feudales y esclavistas blancos y sus agentes en las filas de la clase obrera…”

Es decir que, guardando las proporciones con Colombia y los demás países de las Américas, dado que en Sudáfrica, como en los demás países del África Subsahariana, los africanos-negros han sido la mayoría absoluta, despojada de sus territorios y de su patrimonio construido durante milenios, sometida a la más terribles explotación y opresión por parte de invasores colonialistas-capitalistas europeos, Trotski quiso decir que el partido revolucionario tenía que reconocer la justeza de la lucha de los pueblos de la africanía contra el racismo y la discriminación racial, y por el progreso social en condiciones de igualdad real en relación con los demás segmentos poblacionales de la sociedad determinada, teniendo en cuenta los factores identitarios que los definen como pueblos y/o naciones, marchando siempre junto a ellos respaldando sus luchas y procurando ayudarles a mantener el rumbo correcto en la lucha común de los trabajadores y los pueblos de mundo contra el capitalismo y la opresión nacional.

La historia también le dio la razón a León Trotski, dado que el Congreso Nacional Africano, CNA, bajo el liderazgo de Mandela nunca perdió el enfoque clasista de la lucha. Su lucha estuvo encaminada contra el colonialismo y la opresión capitalista-feudal realizada por los imperialistas europeos y sus aliados africanos, y finalmente en 1955 enarboló su Carta de la Libertad, en la que se plasmó la aspiración de establecer un Estado multirracial, multinacional, multicultural, igualitario y democrático; basado en una reforma agraria que prioritariamente devolviera la tierra a las comunidades rurales y al campesinado trabajador, dotándolos de los medios adecuados para la realización de su labor; y una política de justicia social en las relaciones laborales y en el reparto de la riqueza. Un Estado Nacional donde pudieran convivir todos de manera solidaria, fraterna y en paz, la Nación del Arco Iris, como la ha denominado Mandela, que es el proyecto en construcción desde su libertad y su llegada a la Presidencia de Sudáfrica en 1994. Es decir que los negros se han liberado para garantizar la libertad a toda la sociedad sudafricana; y así tendrá que ser en todas las demás partes del mundo donde hagan presencia, porque como afirmara Carlos Marx, la clase trabajadora al liberarse tendrá que liberar a toda la humanidad de la nueva esclavitud capitalista. Los pueblos de la africanía al ser despojados por los colonialistas-esclavistas de sus territorios y de su patrimonio material construido durante milenios, y al ser sometidos permanentemente a procesos de despojo, como viene ocurriendo en África, Colombia, Honduras y otros países de las Américas, han sido proletarizados o como dijera Frantz Fanon, convertidos en “los desheredados de la tierra”. Además que por decisión de las potencias capitalistas, tomada en su Conferencia de Berlín de 1885, estos pueblos fueron convertidos en canteras de mano de obra superbarata y en parte especial del “ejército laboral de reserva” del sistema capitalista mundial; y con la pretensión de justificar su opresión, dichas potencias los han mantenido bajo la ignominia del racismo eurocéntrico, la discriminación racial y la más extrema marginalidad social, ya sea en forma directa o a través de gobiernos títeres.

Los hechos históricos han demostrado que solo bajo gobiernos democráticos, progresistas y socialistas, las comunidades y pueblos de la africanía logran superarse y disfrutar de vida digna, tal como está ocurriendo en la Venezuela gobernada por el Chavismo, en el Ecuador gobernado por Correa y su movimiento político; y como ocurrió en la Honduras gobernada por Manuel Zelaya. Además, es indiscutible la mejora sustancial de las condiciones de vida y los avances hacia su dignificación de los afrocubanos bajo la Revolución Socialista, no obstante se haya cometido el error de abandonar los procesos identitarios y de erradicación del racismo y la discriminación racial, y sus secuelas, situación que hoy se ha convertido en un pesado fardo para continuar avanzando en las transformaciones revolucionarias y progresistas, pero que mancomunadamente la comunidad y el Gobierno Revolucionario están empeñados en superar lo más pronto posible. De igual manera Lenin, al triunfar la Revolución Socialista de Octubre en Rusia, impulso la creación del Soviet de las Nacionalidades, colateralmente al Soviet General, con el objeto de erradicar las prácticas racistas y  discriminatorias, y como garantía para superar las inequidades que el Imperio Zarista había implantado entre las decenas de nacionalidades subyugadas por él, que conformarían la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Organismo que dio muy buenos resultados hasta que la camarilla burocrática y corrupta al servicio del neoliberalismo capitalista, controló el poder político y decidió suprimirlo, para que finalmente sobreviniera todo un desbarajuste social de enfrentamientos entre las diferentes etnias y nacionalidades. Todo lo cual está indicando que no basta con instaurar un sistema socioeconómico igualitario, sino además, desencadenar procesos serios y coherentes de erradicación de las profundas raíces del racismo y las discriminaciones cultivadas durante siglos de opresión colonial y neocolonial-capitalista, tomando las medidas necesarias para que no renazcan.

De allí la justeza de las luchas de los pueblos de la africanía por su redención y por construir sociedades libertarias y equitativas, donde impere la justicia social y el respeto por la diversidad, tal como lo reconoció con toda gallardía y profundidad ideológica León Trotski.

jlicher001@yahoo.es
                                                                                                Publicación Barómetro  05-09-13
Los contenidos de los análisis publicados por Barómetro Internacional, son responsabilidad de los autores  Agradecemos la publicación de estos artículos citando esta fuente y solicitamos favor remitir a nuestro correo el Link de la pagina donde esta publicado.  Gracias. barometrointernacional@gmail.com


A PROPÓSITO DE LA PELÍCULA "LINCOLN"; ABRAHAM LINCOLN Y KARL MARX - NS


Desde Uruguay
28/Enero/2013


A propósito de la película “Lincoln”; Abraham Lincoln y Karl Marx
Niko Schvarz


Tengo gran interés en ver la película “Lincoln”, que a la hora de escribir estas líneas no ha llegado al Uruguay. Producida y dirigida por Steven Spielberg, ganó el Globo de Oro de los críticos por mejor interpretación de un actor en una película dramática, que recayó en Daniel Day Lewis en el papel del presidente estadounidense, asesinado en un teatro por un fanático esclavista  el 15 de abril de 1865, al año siguiente de su reelección.

La película ha motivado un excelente artículo de Vicenç Navarro, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Policy Studies and Public Policy de la John Hopkins University de Estados Unidos. El artículo se titula: “Lo que la película ‘Lincoln’ no dice sobre Lincoln”. El autor destaca el papel del protagonista como garante de la unidad de EEUU tras derrotar a los confederados que aspiraban a la secesión de los estados del sur. Lincoln resalta en la historia de esa nación por haber abolido la esclavitud y otorgado libertad y ciudadanía a los descendientes de los inmigrantes de origen africano, o sea a la población negra. Se señala también la paradoja de que Lincoln figuró como uno de los fundadores del Partido Republicano, que en sus orígenes fue la antítesis del actual partido de ese nombre y de su excrecencia racista, chauvinista y regresiva, el Tea Party. Lincoln fue un ferviente defensor de los Derechos Humanos, y entre ellos la emancipación de los esclavos, que es el tema central de la película. El derecho de emancipación transformaba al esclavo en una persona libre asalariada, unida por lazos fraternales con los otros miembros de la clase trabajadora, independientemente del color de su piel. Pero hay algo más. Dice el autor, en referencia a las convicciones de Lincoln: “Sus demandas de que el esclavo dejara de serlo y de que el trabajador –tanto blanco como negro- fuera el dueño, no sólo de su trabajo, sino del producto de su trabajo, eran igualmente revolucionarias. La emancipación de la esclavitud requería que la persona fuera la dueña de su trabajo. La emancipación de la clase trabajadora significaba que la clase trabajadora fuera la dueña del producto de su trabajo. Y Lincoln demandó los dos tipos de emancipación. El segundo tipo de emancipación, sin embargo, ni siquiera se cita en la película”. De ahí el título del artículo.

El autor ensaya, como explicación, el hecho de que la enseñanza formal de la historia que se imparte en escuelas y universidades de EEUU es totalmente sesgada, alejada de cualquier contaminación ideológica de tipo socialista, comunista o anarquista. Realiza la afirmación sorprendente de que la gran mayoría de los estudiantes estadounidenses, incluso de universidades prestigiosas, ignoran que la fiesta del 1º de Mayo (celebrada mundialmente como el Día Internacional de los Trabajadores) rinde homenaje a trabajadores estadounidenses que fueron ajusticiados por defender la jornada de 8 horas, lo que se trasladó luego a la lucha reivindicativa en el mundo entero. En EEUU el 1º de Mayo, además de no ser festivo, es el día de la Ley y el Orden (Law and Order Day).

Insistiendo en su idea central, el articulista señala que Lincoln, ya cuando era miembro de la Cámara Legislativa del estado de Illinois, simpatizó con las demandas socialistas del movimiento obrero, no sólo de EEUU, sino también mundial. Él consideraba que la esclavitud era el dominio máximo del capital sobre el mundo del trabajo y que las estructuras de poder de los estados sureños sustentaban  un régimen económico basado en la explotación absoluta del mundo del trabajo. De ahí su concepción de que la abolición de la esclavitud significaba no sólo la liberación de la población negra sino de todo el mundo del trabajo, beneficiando también a la clase trabajadora blanca. Lincoln expresó asimismo que “el mundo del trabajo antecede al capital. El capital es el fruto del trabajo, y no hubiera existido sin el mundo del trabajo, que lo creó. El  mundo del trabajo es superior al mundo del capital y merece la mayor consideración. En la situación actual el capital tiene todo el poder y hay que revertir ese desequilibrio”. Anota Navarro: “Lectores de los escritos de Karl Marx, contemporáneo de Abraham Lincoln, recordarán que algunas de estas frases eran muy semejantes a las utilizadas por este analista del capitalismo en su análisis de la relación capital/trabajo bajo dicho sistema económico”.

Citando un artículo de John Nichols publicado en Political Affairs del 27/11/12 y titulado “Reading Karl Marx with Abraham Lincoln. Utopian socialists, German communists and other republicans”, Navarro afirma que los escritos de Karl Marx influenciaron a Abraham Lincoln. Dichos escritos eran conocidos por grupos de intelectuales estadounidenses. Marx escribía regularmente en The New York Tribune (y por esa vía conseguía algún dinero que le ayudaba a vivir, además de la ayuda de Engels). Su director Horace Greeley se consideraba socialista y era admirador de Marx, al cual invitó a colaborar asiduamente. A su vez era amigo de Lincoln, al cual había apoyado en su carrera política. Todo indica que Lincoln era lector permanente de su diario. En el mismo colaboraban asimismo activistas alemanes que habían huido de las persecuciones en su país y que incluso lucharon más tarde con las tropas federales en la guerra civil (eran los llamados “republicanos rojos”). Con anterioridad, el propio Lincoln como congresista, representante de la ciudadanía de Springfield  en el estado de Illinois, apoyó los movimientos revolucionarios que se alzaban en Europa, especialmente en Hungría, firmando documentos en su apoyo. A la vez, animó a los trabajadores de su país a organizarse y crear sus sindicatos, y continuó haciéndolo cuando fue presidente. Varios sindicatos lo nombraron miembro honorario. En una respuesta a los sindicatos de Nueva York decía: “Vosotros habéis entendido mejor que nadie  que la lucha para terminar con la esclavitud es la lucha para liberar al mundo del trabajo, es decir, liberar a todos los trabajadores. La liberación de los esclavos en el sur es parte de la misma lucha por la liberación de los trabajadores en el norte”.

En el período de preparación de la I Internacional de Trabajadores, Marx y Engels escribieron con entusiasmo sobre las concepciones de Lincoln y sus realizaciones. Ya constituida ésta, se resolvió enviarle un mensaje con motivo de su reelección, que fue redactado por Marx a fines de noviembre de 1864 y publicado en The Bee-Hive Newspaper, número 169, del 7 de enero de 1865. Lincoln respondió en tono cordial, agradeciendo el mensaje y valorando el apoyo del movimiento obrero mundial a sus políticas. El mensaje felicitaba al pueblo estadounidense y a su presidente por haber favorecido, al terminar con la esclavitud, la liberación de toda la clase trabajadora, no solo la estadounidense, sino con carácter mundial.

El mensaje de la I Internacional de Trabajadores a Lincoln, escrito por Marx

“a Abraham Lincoln, presidente de los Estados Unidos de América.

Muy señor mío:

Saludamos al pueblo americano con motivo de la reelección de Ud. por una gran mayoría.

Si bien la consigna moderada de su primera elección era la resistencia frente al poderío de los esclavistas, el triunfante grito de guerra de su reelección es: ¡muera el esclavismo!

Desde el comienzo de la titánica batalla en América, los obreros de Europa han sentido instintivamente que los destinos de su clase estaban ligados a la bandera estrellada. ¿Acaso la lucha por los territorios que dio comienzo a esta dura epopeya no debía decidir si el suelo virgen de los infinitos espacios sería ofrecido al trabajo del colono o deshonrado por el paso del capataz de esclavos?

Cuando la oligarquía de 300.000 esclavistas se atrevió por vez primera en los anales del mundo a escribir la palabra “esclavitud” en la bandera de una rebelión armada, cuando en los mismos lugares en que había nacido por primera vez, hace cerca de cien años, la idea de una gran República Democrática, en que había sido proclamada la primera Declaración de los Derechos del Hombre y se había dado el primer impulso a la revolución europea del siglo XVIII, cuando, en esos mismos lugares, la contrarrevolución se vanagloriaba con invariable perseverancia de haber acabado con las “ideas reinantes en los tiempos de la creación de la constitución precedente”, declarando que “la esclavitud era una institución caritativa, la única solución, en realidad, del gran problema de las relaciones entre el capital y el trabajo”, y proclamaba cínicamente el derecho de propiedad sobre el hombre “piedra angular del nuevo edificio”, la clase trabajadora de Europa comprendió de golpe, ya antes de que la intercesión fanática de las clases superiores a favor de los aristócratas confederados le sirviese de siniestra advertencia, que la rebelión de los esclavistas sonaría como rebato para la cruzada general de la propiedad contra el trabajo y que los destinos de los trabajadores, sus esperanzas en el porvenir e incluso sus conquistas pasadas se ponían en tela de juicio en esa grandiosa guerra del otro lado del Atlántico. Por eso la clase obrera soportó por doquier pacientemente, las privaciones a que le había condenado la crisis del algodón, se opuso con entusiasmo a la intervención en favor del esclavismo que reclamaban enérgicamente los potentados, y en la mayoría de los países de Europa derramó su parte de sangre por la causa justa.
Mientras los trabajadores, la auténtica fuerza política del Norte, permitían a la esclavitud denigrar su propia república, mientras ante el negro, al que compraban y vendían, sin preguntar su asenso, se pavoneaban del alto privilegio que tenía el obrero blanco de poder venderse a sí mismo y de elegirse el amo, no estaban en condiciones de lograr la verdadera libertad del trabajo ni de prestar apoyo a sus hermanos europeos en la lucha por la emancipación, pero ese obstáculo en el camino del progreso ha sido barrido por la marea sangrienta de la guerra civil.

Los obreros de Europa tienen la firme convicción de que, del mismo modo que la guerra de la Independencia en América ha dado comienzo a una nueva era de la dominación de la burguesía, la guerra americana contra el esclavismo inaugurará la era de la dominación de la clase obrera. Ellos ven el presagio de esa época venidera en que a Abraham Lincoln, hijo honrado de la clase obrera, le ha tocado la misión  de llevar a su país a través de los combates sin precedente por la liberación de una raza esclavizada y la transformación del régimen social.”

Comentarios:
nikomar@adinet.com.uy

                                                                                                 Publicación Barómetro  24-01-13

Los contenidos de los análisis publicados por Barómetro Internacional, son responsabilidad de los autores. Agradecemos la publicación de estos artículos citando esta fuente y solicitamos favor remitir a nuestro correo el Link de la pagina donde esta publicado.
Gracias. barometrointernacional@gmail.com

LA REVISTA LEMA @2008 NO SE HACE RESPONSABLE DE LAS OPINIONES AQUÍ VERTIDAS; ÉSTAS SON ÚNICAMENTE EXCLUSIVAS DE QUIEN LAS FIRMA.