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POESÍA EN VOZ DE MUJER - DS

Desde Venezuela
Fecha: 20/Abril/2016


Poesía En Voz De Mujer
La Literatura Nuestro Americana Tiene Voces Inconfundibles Que Saben De La Ternura Con Que La Palabra Es Capaz De Hacer Nacer El Porvenir
Por Daniela Saidman

Algo tendrán las poetas que dicen quienes se han enamorado de ellas que una vez abiertos los ojos a sus versos ya no es posible dejarlas ir. Claro que en el amor sobran los motivos como bien canta el bolero y para él no alcanzan las formas contenidas en los más bellos poemas. En todo caso, han confesado quienes saben del tema que las poetas tienen algo que respira en su sombra, a lo mejor sea un dejo de nostalgia o quizá cierto misterio oculto en las manos de quienes escriben con las razones más memorables de las humanas pasiones.

Ellas, las poetas, son especialistas en cartas de amor, en embrujos de madrugada y pócimas infalibles a la hora de la siesta. Saben, cómo no, de las caricias que reparten entre amantes, hijos y árboles como si ese fuera el último gesto que quedara sobre el mundo. Saben también de la magia que se esconde entre las legumbres y las especies, y se entregan con devoción terrena a las causas más justas de la humanidad. Hay, claro algunas que no, pero no es a ellas a quienes dedicamos este homenaje.

Hay por supuesto diversas maneras de enamorarse de ellas, de las poetas. Puede amar todo lo libre, hondo, tierno, memorioso y afilado que habita en sus palabras. Puede querer por supuesto la imagen que de ella se ha hecho a través de sus versos o caer seducido ante sus pausas y el destello del papel. En todo caso, en el amor y en la literatura valen los artilugios que esconde la palabra cuando diciendo nos nombra.

Estas Poetas Nuestras
“Tú lloras debajo de tu llanto, / tú abres el cofre de tus deseos / y eres más rica que la noche. / Pero hace tanta soledad / que las palabras se suicidan”, dice la argentina Alejandra Pizarnik (29 de abril de 1936 - 25 de septiembre de 1972), una de las voces mayores de la poesía más nuestra. ¿Y es que acaso no tiene ella, la certeza de que en la soledad el verso arde como una memoria prendida en llama?

Quizá sea precisamente Nuestra América donde pueden encontrarse tantas mujeres escribiendo obras memorables pese a la fuerte tradición masculina sobre este género literario. Quizá ellas, las poetas, son las constelaciones de un universo aún por descubrir, aunque algunas han podido brillar con luz propia.

Al vuelo vienen nombres como Juana de Ibarbourou (Uruguay), Alfonsina Storni (Argentina) y Gabriela Mistral (Chile), las grandes del viento del sur.

Pero no por mujeres sus poéticas están circunscritas a determinados escenarios o paisajes. Por el contrario, ellas supieron del tacto humano que es capaz de tocar lo cierto y descubrir lo imaginado. Nada les fue ajeno, ni el cuerpo, ni la tierra, ni los más hondos deseos.

No alcanzarían las páginas para nombrarlas. Pero allí están Olga Orozco (Argentina) y Dulce María Loynaz (Cuba); las venezolanas Enriqueta Arvelo Larriva, María Calcaño y Ana Enriqueta Terán. La uruguaya Idea Vilariño y la nicaragüense Gioconda Belli. La de estas tierras del sur de Venezuela, Luz Machado.

En fin, las poetas ya se saben, tienen algo de sigilo en el verso que es capaz de enamorar con solo una vuelta de página y un verso soltado por azar. No importa de dónde viene o si ya no están, ellas despiertan el amor y sacuden la memoria, desatan nomeolvides y fulgores del tiempo que ya pasó. Ellas, las poetas tienen algo de asombro en la mirada y de extrañeza en la voz. Si por azar se encuentra con alguna de ellas, con las de antes o las que ahora son, no las deje ir, que a lo mejor se enreda en los versos de Ingrid Chicote, Esmeralda Torres, Ana María Oviedo, Wafi Salih, Vielsi Arias, Coral Pérez, María Alejandra Rojas, Yanuva León, Katherine Castrillo, Morela Maneiro, Yuri Patiño o Sacha López, ellas desde esta Venezuela rinden homenaje a la palabra, esa que se dice o que se escribe para entregarlo todo, para ser tierra de esta tierra y canto alado de estos parajes.

Epílogo CLARIBEL ALEGRÍA
(Nicaragua)
"...existen los barrotes
Nos rodean
También existe el catre
Y sus ángulos duros
Y el poema río
Que nos sostiene a todos
Y es tan  substantivo
Como el catre
El poema que todos escribimos
Con lágrimas
Y uñas
Y carbón".

dsaidman@gmail.com
Publicación Barómetro

internacional.barometro@gmail.com

PALABRAS SUELTAS SOBRE LA CULTURA - MON



Cortesía De MOBAT
Desde Panamá
11/Diciembre/2015


Palabras Sueltas Sobre La Cultura
Manuel Orestes Nieto
(Poeta Y Escritor)

Pasan los años y nada pasa. Este texto lo escribí en mayo de 1999 y fue publicado en la prensa nacional. Compartirlo ahora, quince años después, quizás sea útil, aunque parezca que se ha congelado el tiempo de la cultura, o mejor, que se ha derretido en este horno tropical, donde somos menos nación y más sofisticados mercaderes.

Ocurre que lo que denominamos la cultura nacional ha sido mal entendida entre nosotros; en parte por una aceptación generalizada del falso concepto de que lo artístico es un elemento accesorio, en parte por prejuicios repetidos de concebir la cultura solo referida a las artes y sus oficiantes, en parte por desconocer que la cultura es, ante todo, una acumulación humana vasta y que producimos todos.

Estos sesgos y distorsiones llegan a identificar, en general, a los mismos artistas como gente extraña o incomprendida y al ejercicio cultural como un ámbito periférico y desligado de la vida práctica, asociado al ocio y las horas fatuas, ajeno a la economía concreta, incluso a la política.

Sin embargo, creo que los intelectuales panameños -no solo los artistas- debemos precisar, mínimamente, algunas categorías básicas sobre ese desdibujado quehacer cultural, su función en la sociedad y discernir sobre su realidad.

Así mismo, valdría sanamente precisar dónde se complementan cultura nacional y Estado, deslindar responsabilidades y llegar al fondo de un problema viejo e irresoluto que, lamentablemente en nuestro medio, ha sido denigrado, por no decir envilecido: la cultura como simples eventos artísticos de relleno, para colorear las inauguraciones, saludar visitantes, decorativa y, prácticamente, desechable.

Si nos referimos a una política cultural desde el estado, debemos entenderla como aquella que impulsa -desde la institucionalidad de gobierno- el desarrollo cultural de la nación; entendiendo por tal desarrollo la consolidación, crecimiento y trasmisión de los valores permanentes en que se fundamenta la nacionalidad y la patria común.

Esos valores permanentes de la nacionalidad son aquellos en los que el panameño se reconoce como parte de un conglomerado, en los que hornea su identidad como individuo y como componente social, con los que se vincula con el mundo y con los que expresa sus más hondas raíces y procedencias.

Son valores dinámicos que se afirman y robustecen en la medida en que la creación humana es asumida como propia. Así, lo propio tiene signos identificables, funda una idiosincrasia, proyecta coincidencias en valores entrañables, orgullo nacional y permite a los ciudadanos de un país reconocerse entre sí.

Una política de desarrollo cultural no deberá servir para insistir en el estancamiento y la prolongación de los falsos conceptos que sobre esta materia sobreabundan, sino procurar un robustecimiento coherente de la nacionalidad, maximizar su universo creador, rescatando sus troncos y raíces, organizando su circulación general, propiciando su producción, dignificando a sus creadores y saneando al país de sus alienaciones y desarraigos. Concordaremos que se trata de lo nacional entendido como lo plural, abierto, participativo, amplio y factible.

Sus formas de expresión como las bellas artes, constituyen un ámbito imprescindible y básico del quehacer cultural; pero también lo es la investigación y, sobre todo, la valoración y elevación de la calidad de vida del panameño.

Si bien interesa lo que llamamos artes, debe interesarnos aún más la dimensión humana del panameño en su integralidad. Dotarle de opciones y vías, personales y sociales, para ampliar su radio de participación, asimilación y despliegue de su propia vida, historia y destino.

Respecto a las acciones prácticas para impulsar esa política cultural deberá entenderse, ante todo, que hay que erradicar la desidia oficial como método, la abulia y el burocratismo estéril; todos sabemos que la nula gestión se concreta en maleza alrededor del decoro histórico y se impone, sobre todo, una incultura a nombre de lo culto y un protagonismo vanidoso, de marquesinas, a nombre del arte.

Correspondería a las instituciones responsables ampliar el diálogo entre las partes y coordinar con los sectores y organizaciones de la sociedad que intentan contribuir al desarrollo cultural. Ello abarca una gama de amplio espectro en el terreno de lo nacional. Incluye, obviamente, a los creadores y artistas, así como aquellas entidades de promoción privada propiamente dichas que tienen de hecho un espacio participativo importante.

La cultura tiene que ser reconocida como una esencia común que nos une e identifica; que nos pertenece y nos incumbe a todos. Por tanto, debemos procurar que ella sea esencialmente democrática y no superflua.

La exclusión en nada contribuye a la elevación de la vida y el espíritu del panameño. En todo caso, prolongaremos la brecha de la incomprensión, la minusvaloración de lo que el pueblo con su ingenio y sabiduría construye, el desprecio a nuestros valores más hondos y genuinos en nombre de falsificadas concepciones sobre la cultura, desvirtuada como simple animación y divertimento, pero siempre ajenas y remotas a nuestra vida.

Y que conste que ello tiene un riesgo y un precio: una nación que puede terminar sin encontrarse consigo misma, desfondada y expuesta a la dispersión, por obra y gracia de nuestra propia incapacidad para preservarla.

JOSÉ EMILIO PACHECO, FABULADOR DEL TIEMPO - DS

Desde AGE. Barómetro Internacional
01-febrero-2014


José Emilio Pacheco, fabulador del tiempo
Daniela Saidman

Tiempo de otros tiempos, otros horizontes y los mismos sueños. Cargamos en las alforjas el resplandor del mundo. Brillan en los ojos las estrellas que miraron otros cielos, que alumbraron otras noches. Ese es el sabor de la poética de José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 30 de junio de 1939 - 26 de enero de 2014), galardonado con el Premio Cervantes de Literatura 2010, que se otorga en el marco del Día Internacional del Libro y del Idioma.

En sus versos habitan todas las voces de México, todas las voces de la América Nuestra, y estallan en él los ecos. Pacheco, fabulador del tiempo, escribe desde el amor y la fe hacia el poder de la palabra. En su obra de décadas convergen todas las formas de la poesía, desde el epigrama y el haikú hasta el extenso poema que lleva el acento de todas las humanas pasiones, la violencia, la tragedia, la fugacidad, el amor, el roce, la maravilla de decir y decirnos la vida.

Testigo del siglo XX, centuria conmovida de guerras y de hambres, el poeta carga con el dolor del mundo, con las abiertas heridas de la violencia y se adueña de la palabra que comparte, para contar y contarnos las derrotas. Camina entre los muertos sabiéndose uno más de ellos, una voz entre las voces, un grito que se levanta y emerge de las cenizas.

“La única antorcha recibida / iluminó el entierro de sus muertos. / Desplazamientos / que por mil noches terminaron en humo. / Crujir de huesos, / rumor de casas incendiadas. / ¿A quién le debo / haber estado a salvo / mirando todo / desde otra orilla? / Gran aventura / es la guerra como espectáculo, / a menos / de que uno lleve como pecado original esta culpa”. (Jardín de niños, poema 6)

Ese antiguo México, sabio y adolorido, maltratado por los fuegos invasores, por la imposición de otros dioses, vive bajo las cruces, vibra en volcanes, baila en los pasos, suda en la siembra, habita el presente y dice desde antes y desde siempre, el abrazo del mundo.

“Vendrá de lo alto el gran cortejo de lava. / El aire inerte se cubrirá de ceniza. / El mar de fuego lavará la ignominia, / se hará llama la tierra y lumbre el polvo. / Entre la roca brotará una planta. / Cuando florezca volverá la vida / a lo que convertimos en desierto de muerte”.  (Malpaís, fragmento)
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Habitada de sus gentes y sus muertos la tierra recrea los llantos, se alimenta de las risas niñas y del fragor de las buenas humedades. Amante madre y amante esposa llora el desconsuelo y se alegra de los imprescindibles tiempos que serán. El poeta es poeta en la dimensión que otorga la palabra, y la suya cubre el papel de reverdecidos anhelos, de fuegos capaces de incendiar las entrañas y extender a lo alto, a lo hondo, una esperanza.

“Mira a los pobres de este mundo. Admira / su infinita paciencia. / Con qué maestría han rodeado todo. / Con cuánta fuerza miden el despejo. / Con qué certeza / saben que estás perdido: / tarde o temprano / ellos en masa heredarán la tierra”.
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No hay tiempo sin memoria y viceversa. José Emilio Pacheco, fabulador del tiempo y de la humana divinidad que nos habita, abre rendijas, se asoma y nos asombra, con sus versos, con su palabra que sabe de volcanes y de truenos. Huele a tierra llovida, sabe a maíz la siembra, y la poesía tan poco inocente, se abre entre la tierra y sus gentes.
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“Todo lo que has perdido, me dijeron, es tuyo. / Y ninguna memoria recordaba que es cierto./ Todo lo que destruyes, afirmaron, te hiere. / Traza una cicatriz que no lava el olvido. / Todo lo que has amado, sentenciaron, ha muerto. / No quedó ni la sombra, se acabó para siempre. / Todo lo que creíste, repitieron, es falso. / Se hundieron las palabras con que empezó tu tiempo. / Todo lo que has perdido, concluyeron, es tuyo. / Y una luz fugitiva anegará el silencio”.  (Luz y silencio)

dsaidman@gmail.com

Publicación Barómetro  27-01-14
Los contenidos de los análisis publicados por Barómetro Internacional, son responsabilidad de los autores. Agradecemos la publicación de estos artículos citando esta fuente y solicitamos favor remitir a nuestro correo el Link de la pagina donde esta publicado.
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DOS RECUERDOS DE JUAN GELMAN - NS

Desde Uruguay
01-febrero-2014


Dos recuerdos de Juan Gelman
Niko Schvarz

Me golpeó duro la noticia de la muerte de Juan Gelman apenas regresé de México, precisamente. Estuve allí desde los primeros días del año para conocer a mi preciosa bisnieta Daniela. En algún momento pensé ponerme en campaña para encontrar a mi viejo amigo, pero las derivaciones familiares me ocuparon todo el tiempo. Entre otras cosas, tuve oportunidad de ver la profunda huella que dejó entre los docentes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) la labor desplegada allí en los años del exilio por la profesora Lucía Sala de Tourón, que los actuales catedráticos de historia consideran su maestra. Ahora me arrepiento de no haber intentado encontrar a Juan Gelman, en los que habrían de ser sus últimos días de vida.

Quiero contarles a su respecto dos episodios que no aparecen en la serie de notas y comentarios de todo tipo que desde el 14 de enero inundaron los medios de difusión a nuestro alcance, todos ellos impregnados de una pena infinita y de una elevada valoración de su obra como poeta y militante de los derechos humanos, todo mezclado, de una sola pieza.

Lo conocí en Buenos Aires el día en que Arturo Frondizi asumió la presidencia, en mayo de 1958. La Asociación de la Prensa Uruguaya (APU), de cuyo Consejo Directivo yo era miembro desde la aparición de El Popular el año anterior, resolvió enviar una nutrida delegación a ese evento. Por iniciativa de su dirigente más caracterizado, Carlos Borche, concurrimos en un barco fletado por ANCAP, que entró haciendo sonar su sirena al puerto de Buenos Aires. Como habíamos convenido previamente con Isidoro Gilbert, periodista de raza y escritor, que fue durante años corresponsal de La República en Argentina, nos encontramos en un boliche porteño con Juan Gelman, que entonces pertenecía a la Federación Juvenil Comunista, a la cual se había afiliado con 15 años en 1945. Tomamos algo y hablamos de la peculiar situación argentina. Frondizi había sido electo con los votos de los peronistas, que estaban proscriptos desde el golpe de Estado del general Aramburu y el almirante Rojas en 1955, que derrocó a Perón, reelecto en 1951.  Después fuimos a la sede del Partido Comunista Argentino, en la calle Entre Ríos 1038. Allí conocí a Victorio Codovilla, que había sido dirigente de la Internacional Comunista para América Latina y ocupaba entonces la secretaría general del PCA.

De esa primera época recuerdo de Juan Gelman su libro de poemas “Violín y otras cuestiones” que me regaló, y que por milagro todavía conservo, amarillento y con marcas y subrayados. Es un ejemplo de poesía libre, no atada a modelos, reglas ni convencionalismos de ningún tipo, absolutamente original, características que conservó, sin cesar renovadas, en su copiosa producción posterior.

Osvaldo Bayer cuenta que en esa época él trabajaba en la redacción de Clarín –todavía en vida de su director fundador Roberto Noble- junto con Juan Gelman y con el enorme poeta y precursor Raúl González Tuñón, que Gelman reconocía como su maestro. Señala que en esa época discutían hasta las madrugadas con Gelman en un café de Uruguay y Corrientes –que no existe más- sobre comunismo y dictadura del proletariado por una parte e igualdad en libertad por otra. Posteriormente escribieron juntos el libro “Exilio”, poesía y prosa, respectivamente.

El presidente Arturo Frondizi inició el día señalado su mandato, lo oímos en el discurso pronunciado ante el Congreso. Unos años después adquirió notoriedad al recibir en Buenos Aires en forma reservada al Ché Guevara tras su participación en la conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES), organismo dependiente de la OEA, en Punta del Este, en agosto de 1961. Véase cómo todo se va uniendo.

Mi segundo encuentro con Juan Gelman tuvo lugar en Montevideo en el marco del encuentro “¿Qué hacer por amor al arte?”, organizado por el Partido Comunista uruguayo en el período de la recuperación democrática después de la dictadura fascista. El acto inaugural se realizó en las escalinatas del Parque Rodó  el 17 de setiembre de 1988 y en la oratoria intervinieron  el director teatral Atahualpa del Cioppo y el profesor y hombre de teatro Ruben Yáñez (que habían dirigido la labor del elenco de El Galpón en México y en países de América Latina durante la dictadura), el poeta Washington Benavides, el escritor y crítico Mario Delgado Aparaín y “el gran poeta argentino Juan Gelman”, como reza la convocatoria, como único delegado extranjero. La intervención de fondo estuvo a cargo de Rodney Arismendi.

Todos los detalles pueden encontrarse en un libro de valor inestimable publicado por editorial Pueblos Unidos al año siguiente bajo el título: “Rodney Arismendi: Sobre la enseñanza, la literatura y el arte. Pequeña recopilación”, que contiene además: el texto del discurso pronunciado por el dirigente comunista en el homenaje que se le tributara al cumplir 75 años; su intervención en Casa de la Cultura al inaugurar su nueva biblioteca  con aportaciones de las bibliotecas de Jesualdo Sosa, Manuel García Puertas, Leonor Alvarez y Alba Niemann; un texto publicado en el diario “Justicia” en 1944 ante la muerte de Romain Rolland; “Mi amigo Paco Espínola”, texto del discurso pronunciado en el Teatro Macció de San José el 27 de junio de 1985, a los 12 años de la muerte del gran escritor maragato; un texto sobre el intelectual argentino Héctor P. Agosti; señeras intervenciones parlamentarias, algunas de ellas en interpelaciones memorables, sobre la Universidad del Trabajo, en defensa de la escuela laica, en homenaje a la Universidad, a sus autoridades y a su estudiantado, y en la discusión de la ley de educación; más un texto de enorme valor como Encuentros y desencuentros de la Universidad con la revolución, así como un diálogo con los médicos, entre otros materiales.
En su intervención inicial en “¿Qué hacer por amor al arte?”, Arismendi decía que se trataba de un encuentro “sin informes ni tesis, abierto a la meditación y al diálogo” y expresaba el anhelo de que “esta asamblea se eleve a la riqueza de todos los puntos de vista” y  a “una reflexión sin fronteras”, para concluir en que “venimos a reivindicar la más plena libertad de creación” y una “concepción comprensiva para la infinitud del arte”.  No conservo ningún material escrito de la intervención de Juan Gelman en esa instancia, pero sí la impresión muy clara de que se sentía allí en su elemento, como el pez en el agua. Porque esa concepción de libertad plena, sin esquematismos ni ataduras de ningún tipo, coincidía plenamente con la que había comenzado a ejercer y en la que siguió, escribiendo poesía hasta, literalmente, el último día de su vida.

Por cierto que seguí paso a paso la lucha obstinada de Juan Gelman por recuperar a su nieta contra todos los obstáculos. Aquí quiero citar solamente la actitud regresiva e inhumana del presidente Julio María Sanguinetti, un baldón imborrable sobre su conducta. Tuve el gusto de encontrar a Macarena una tarde en la sede del Frente Amplio, acompañada por el canciller Luis Almagro, y de enviarle mis saludos a su abuelo.

A la producción poética de Juan Gelman, hay que agregar su labor periodística de los últimos años, que hemos venido siguiendo en particular a través de las contratapas de Página/12 y que ha contribuido a esclarecer los grandes temas internacionales hoy en debate. En este ámbito es la suya una escritura de otro tipo, tersa, rigurosa y minuciosamente documentada en sus fuentes originales, lo que no impide que sobrevuele a menudo, como chispazos, la belleza de la expresión literaria y un leve toque irónico y cachador, al estilo de Gotán.

Al morir, Juan Gelman dejó dos libros listos para ser editados, que se agregan a su antología Poesía Reunida publicada en el año 2012 en México, integrada por 30 volúmenes y 1.328 páginas. Se trata de la edición mexicana del poemario Hoy, que contiene varios poemas más que los presentados en Argentina hace unos meses, y el inédito Amaramara, dedicado a su esposa Mara la Madrid. Los premios literarios que recibió están asociados, nada menos, que a los nombres de Juan Rulfo, Pablo Neruda y Cervantes.

De las múltiples expresiones bellas y sentidas que se vertieron en homenaje a Juan Gelman, me quedo con las de la escritora Cristina Pacheco: “Frente a la muerte de Juan, las palabras guardaron un minuto de silencio”.

nikomar@adinet.com.uy


Publicación Barómetro  23-01-14
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EL CHE, POETA REVOLUCIONARIO - DS


Desde Venezuela
29/Octubre/2012


El Che, poeta revolucionario
Daniela Saidman

** El 08 de octubre de 1967, Ernesto Che Guevara fue herido en combate en la Quebrada del Yuro, en Bolivia, y por él se conmemora el Día del Guerrillero Heroico.

Presente en la memoria de sus días, de sus ires y venires por la América Mayúscula, derramado en las solidaridades y en las luchas, Ernesto Che Guevara (Rosario, 14 de junio 1928 – Bolivia, 09 de octubre de 1967) está más vivo que nunca, más vivo que siempre.

Mito y realidad, al Che trataron de convertirlo en souvenir, afiche o panfleto… tal vez porque esa era la única forma de asesinarlo, pero su imagen es para muchas y muchos una verdad a prueba de tiempo, y su ejemplo renace una y otra vez en los sueños libertarios de los pueblos. Médico, guerrillero, ministro, trabajador, el Che también fue poeta.

Su imagen, la imagen del hombre, se repite en muchas paredes, una y otra vez su mirada convoca a la ternura. Ese Guevara infinito que vive y sufre la América contradictoria, es y será siempre una llamarada de esperanza. Ese revolucionario inmortal legó además de su ejemplo y su convicción de lucha, los versos que son memoria de sus días, de sus ires y venires.

Voz de los silenciados, de los olvidados, de los nadies, el Che supo temprano de los dolores humanos, del hambre centenaria y así, su palabra se hizo estandarte para acompañar y acompañarnos en todas las luchas y en todos los sueños de hoy y de mañana. Guevara es el imprescindible Quijote latinoamericano, el que nos ha enseñado a endurecernos “sin perder jamás la ternura”. El Che es palabra y ejemplo, hombre que ha trascendido las geografías y los tiempos, para ser siempre presente.

Médico revolucionario

Fue en 1947 cuando Ernesto Guevara ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Durante 1952 viajó por Argentina, Chile, Perú, Colombia y Venezuela en compañía de Alberto Granados. El título de médico lo recibió en 1953.

Luego de sus vivencias en Bolivia y su posterior contacto con exiliados latinoamericanos en Perú, llegó a Guatemala en diciembre de ese mismo año. Apenas un mes después, en enero de 1954, entabló amistad con Antonio Ñico López, uno de los participantes del asalto al Cuartel Moncada. Y precisamente después del golpe de Estado que derrocó al gobierno democrático de Jacobo Arbenz, el Che partió a México, donde conoció a Fidel Castro y se enlistó como médico en la futura expedición del Granma. En 1956 los revolucionarios partieron con destino a Cuba. El desembarco se produjo el 2 de diciembre.

De allí en adelante el Che se convirtió en uno de los más valientes combatientes que tuvo la revolución cubana. Y su entereza y honestidad lo llevaron a ocupar importantes cargos en la naciente Cuba revolucionaria, entre ellos el de Presidente del Banco Nacional de Cuba y Ministro de Industrias.

El 3 de octubre de 1965, en el acto de constitución del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Fidel leyó la carta de despedida del Che. El guerrillero heroico partía a Bolivia con el nombre de Adolfo Mena González.

El 08 de octubre de 1967, Ernesto Che Guevara fue herido en combate en la Quebrada del Yuro, y un día después asesinado en la Higuera.

Las voces del Che

La América india, negra, pobre, saqueada… se dibuja en las manos del Che, extiende sus alas y vuela sobre las ganas y las utopías necesariamente realizables. En sus versos convergen la tierra y el color de Nuestra América, como un amasijo de cantos, llantos, resurrecciones, rebeldías y truenos. Él es la tierra sembrada de esperanzas, hijo nacido del vientre de todas las mujeres que sueñan otros mañanas.

Con sus ojos cruzados de paisajes, anduvo el Che poeta los recuerdos y los afectos. Avanzaron sin piedad sus pasos por la geografía del silencio impuesto. Irrumpió en la memoria de los jóvenes que eran, de los jóvenes que somos. Una estrella tiritando de frío en la sombra, descubierta en las voces que recitan en susurros su nombre de héroe sin misterio, de hermano y compañero.

Su canción es himno de lucha, viento que despeina el polvo, lluvia que moja lo que no puede seguir siendo. Resurrecto en las horas, el Che permanece en la estatura de su ejemplo. Su mirada estará en las selvas, en los desiertos, en los mares y los ríos, en todos los continentes, cuando su voz estalle la noche. Él sigue cantándonos rebeldías, indicando caminos, señalando errores, amando la palabra y la tierra. El Che vive y vivirá siempre que alguien lo nombre, que alguien lo invoque a mitad de una tarde sin sombra. Vive en la mirada niña y en los pies descalzos y sin escuelas, vive como viven todos los que construyen rebeldías y libertades. Porque no ha de morir nunca el que hace de su vida una fértil semilla de sueños.


Vieja María, vas a morir
“Toma esta mano de hombre que parece de niño
entre las tuyas pulidas por el jabón amarillo,
restriega los callos duros y los nudillos puros
en la suave vergüenza de mis manos de médico.
Descansa en paz, vieja María,
descansa en paz, vieja luchadora,
tus nietos todos vivirán la aurora. LO JURO”.
                                             Ernesto Che Guevara

Despedida a Tomás
“Un día, aunque mi recuerdo sea una vela
más allá del horizonte
y tu recuerdo sea una nave
encallada en mi memoria,
se asomará la aurora a gritar con asombro
viendo a los rojos, hermanos del horizonte
marchando alegres hacia el porvenir”.
                                                 Ernesto Che Guevara

Publicación Barómetro  11-10-12
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